Thursday, May 17, 2007

Ella: Sentada en el asiento delantero de un autobús. Delgada, delgadisima. Pantalón amarillo. Pelo rubio, con tinte. Ojos grandes, muy grandes y muy tristes
El: Aspecto de pachuco en Madrid. Sentado junto a ella en el mismo asiento (asiento grande). Camiseta (hace calor), sombrero con todo y pluma (inevitablemente ridiculo). Cabello largo amarrado con una cola de caballo.
Miran al nuevo pasajero, alto, moreno, estudiante seguramente. Este autobús se dirige a ciudad universitaria.
¿Lo quieres?, le pregunta él a ella. Ella tarda en reaccionar. Pensaba en otra cosa. ¿Lo quiero? sigue pensando. Lo mira y lo decide de inmediato: Si.

Habia sido diagnosticada con una enfermedad cuyo nombre ni siquiera ha podido aprenderse, pero que la tiene condenada a no despertar nunca más, cualquiera de estos días. Muerte simple, indolora. Al menos durante el sueño. Mis sueños serán mi muerte (habia decidido que ese sería su epitafio). Pero es muy joven, soy muy joven, carajo -se dice siempre, casi siempre-. No quiero, no quiero.
Dice sí. Él la escucha y se prepara para abordar al nuevo pasajero del autobus, de este autobus que va para ciudad universitaria. El procedimiento es simple, el de siempre. El lo saluda, le dice de inmediato la verdad al candidato. Soy novio de Thania, me llamo Octavio, somos de Venezuela pero vivimos aqui desde hace cuatro años. Estamos casados pero Thania está desahuciada -nada contagioso- y salimos a la calle, por hombres que a ella le gusten. Mirala, ¿es guapa no?, queremos que te acuestes con ella. Será solo una tarde. Te invitamos a comer. No vivimos muy lejos de aqui y ella es una excelente cocinera. la pasarás bien, nos emborrachamos un poco con un buen vino, fotos viejas, tal vez una pelicula. ¿Sabes?, cualquier dia de estos ella va a amanecer muerta, no sabemos cuando pero los medicos han dicho que puede ser cualquier dia. No pasa de un año. Es una nueva enfermedad, muy rara, muy pocos casos. ¿Que dices? ¿Te animas?, no te vamos a pagar por que ella no es una puta ni tu tampoco, pero te invitamos la comida, buena musica, buena conversación. Después yo me quedo en la cocina y ustedes a la recámara. Tárdate lo que quieras, ella es muy bella. Es mi esposa, yo la veo muy bella. Nos casamos hace 3 años, eramos muy jóvenes, somos muy jóvenes, muy jóvenes. Vinimos a estudiar, como tú; ¿eres estudiante verdad?. Nos conocimos y nos protegimos, ninguno de los dos conociamos a mucha gente. Tu has de saber de que hablo. Pero no fue nada más la soledad, no. De hecho hay algo curioso, ella y yo aunque no nos conociamos, viviamos en la misma ciudad, una ciudad no muy grande, allá en Venezuela. Yo ya la habia visto, yo ya la queria. En serio, la habia visto algunas veces y me habia gustado. Nunca la conocí en mi país, pero por supuesto cuando la vi aqui la reconocí de inmediato y le hablé con toda la naturalidad (rie), y ella me correspondió igual. Fuimos inseparables desde entonces. Me enamoré de ella como un becerro. Cuando le confesé que ella me gustaba en la distancia desde hacia años, antes de llegar aqui, antes de conocernos, me dijo que me casara con ella. Queria tener hijos de inmediato. Pero ya sabes, aqui las cosas no son tan fáciles. Afortunadamente no los tuvimos. Vivimos dos años un poco apurados de dinero, pero felices no sabes cuanto. Viajamos por muchos lugares y eramos, no, corrijo, somos juntos algo en verdad memorable. No conozco una pareja asi como nosotros. Asi de enamorados, asi con esta confianza.
Luego, cuando comenzo a sentirse mal, después de todo el fastidio de los medicos, los hospitales, las medicinas, todas super caras; ella dejó de trabajar y yo la acompañaba todo el tiempo que podía. Nos ibamos al Retiro, al parque. Nos dió por platicar largas horas, asi, platicándolo, lo asimilamos, nos convencimos del diagnóstico. Platicabamos y platicabamos, muchas veces de cualquier cosa, pero sobre todo de nuestros deseos, y llegamos profundo con ellos. Uno llega a saber muchas cosas en estas circunstancias. Supimos nuestros deseos pero ya no nos quedaba pretexto para molestarnos. Uno siempre sabe de uno mismo deseos que no confiesa a nadie, a veces ni a uno mismo. Lo interesante aqui fue confesarlos. Duelen, pero duelen por que son amenazantes en circunstancias normales, porque tememos perder algo. Aqui ya todo estaba perdido, ¿te das cuenta?, asi que lleno de amor decidi complacerla. Y esto que hacemos, esto que te propongo es uno de ellos. Hasta ahora hemos llevado a nuestra casa a 25 0 30 como tú, hombres que conocemos por la calle, de aspecto amigable, sin anillos de matrimonio, más o menos de nuestra edad. (rie) A ella le gustan de todo tipo, y hemos tenido de varias nacionalidades. Nunca hemos tenido ningún problema, nunca nos hemos equivocado. No te miento, siento feo, siento horrible cuando sé que mi esposa tiene sexo con otro tipo, pero sé de que se trata, sé por que lo hacemos.
Cuando todo acaba y nos quedamos solos de nuevo, vivimos un amor tan grande como el que viviríamos en varias vidas. Eso lo recompensa todo, lo justifica. Yo me meto a la cama y la abrazo mientras ella llora y me dice que no quiere morir, y que me ama y que le duele no haberme dejado al menos un hijo. Yo no le digo nada porque ya sabemos, profundamente lo que ambos pensamos. Lloro siempre yo también. Luego nos quedamos dormidos y asi, cada vez que amanece yo he dado gracias -hasta ahora-, por no despertar junto a un cadaver.
¿Que dices, vienes con nosotros?.

No comments: