El infinito es la iluminación
y la locura
es el manto del aire sin día
el ronrroneo de hojas que se mecen
en un viento sin oídos
para reposar
saliva del mar
roca desgranada
colina de fuego
rumbo que sangra
rumbo de ansias errantes
Infinito es el ruido
de la marcha de los hombres
el polvo hirviente que ha podido
con tantos corazones
el remolino de ayes
que nos ha tocado en herencia
la brisa de música sincera
inalcanzable a la mentira
al demonio
sonido que se decantó desde lo inconcebible
perfume que no se nos debía
puerta que no nos era dado
traspasar
Infinita es la mirada de hombre
sus ansias de mujer
su andar imparable
incomprensible
No somos uno mismo
no soy yo este que escribe
Infinita es la carne hembra
su voz de flores
su piel palacio
sus piernas que son nuestro único
nuestro verdadero pretexto
para emerger al mundo
para anegarlo
de palabras
Infinito el pecho de hembra
la mejor
la única fuente
de tranquilidad
Cantable por todos los días
cantable por todos los ángulos
por sus sueños sus piedras sus lagunas
este mundo
Cantable por sus árboles y por sus aguaceros
por sus carnavales
por sus mujeres
el mundo se desdobla indescifrable
como lo hace por el aire la misteriosa
la inolvidable primera palabra
de un niño
Wednesday, March 26, 2008
vano el canto
el canto fugaz de los hombres
vano el afán
de no percibir la desdicha
vano el ojo
la mirada-grito
de quien clama en pos de una simple
necesaria
respuesta
No hemos sido traidos
a mandar sobre este aire
no a flotar para siempre
no a mirar sin que un rayo
rayo que alumbra y hace cenizas
nos sea regalado también
como todo
al final de la tarde
Pero lo valioso es lo vano
lo vano de lo imposible que es
querer erradicar
este inmenso laberinto
y que es querer tener otra salvación
que no sea la de ahogarse
pacíficamente
en este nuestro bello
nuestro inmenso océano
de lágrimas.
el canto fugaz de los hombres
vano el afán
de no percibir la desdicha
vano el ojo
la mirada-grito
de quien clama en pos de una simple
necesaria
respuesta
No hemos sido traidos
a mandar sobre este aire
no a flotar para siempre
no a mirar sin que un rayo
rayo que alumbra y hace cenizas
nos sea regalado también
como todo
al final de la tarde
Pero lo valioso es lo vano
lo vano de lo imposible que es
querer erradicar
este inmenso laberinto
y que es querer tener otra salvación
que no sea la de ahogarse
pacíficamente
en este nuestro bello
nuestro inmenso océano
de lágrimas.
Sunday, March 23, 2008
presencia y voz entre los árboles
esa voz
tu voz
húmeda
tu lengua fértil
tu olor-mantra
to olor gérmen
marea de ausencia
sobre mi piel sin sosiego
se hacen fulgor-latido
luz-latir sobre mi universo como una ola
no prevista
y sin vanidad ya para proteger
sueño que toco tus manos
y me veo perdido en la red de tu rostro
incólume
tibio
Se ha conservado en tu mirar el desierto en la noche
en tu piel la luna y las ansias blancas
la seda en tu boca
Una legión de hechizos de otro tiempo
que me amordaza cuando te tomo
me hace poner desde lo alto
una vez más
la dicha en este mundo
Tu cuerpo en mi deleite
versión desnuda
de un poema no tan perfecto
me hace entender un idioma
hecho por ti sin verlo venir
y que sólo yo he sido llamado
a descifrar
esa voz
tu voz
húmeda
tu lengua fértil
tu olor-mantra
to olor gérmen
marea de ausencia
sobre mi piel sin sosiego
se hacen fulgor-latido
luz-latir sobre mi universo como una ola
no prevista
y sin vanidad ya para proteger
sueño que toco tus manos
y me veo perdido en la red de tu rostro
incólume
tibio
Se ha conservado en tu mirar el desierto en la noche
en tu piel la luna y las ansias blancas
la seda en tu boca
Una legión de hechizos de otro tiempo
que me amordaza cuando te tomo
me hace poner desde lo alto
una vez más
la dicha en este mundo
Tu cuerpo en mi deleite
versión desnuda
de un poema no tan perfecto
me hace entender un idioma
hecho por ti sin verlo venir
y que sólo yo he sido llamado
a descifrar
Me fui para encontrarme
pero en los mundos
en sus brechas
extravié las palabras
Ahora vuelvo sin redención
sin demonio a quien culpar
no me trajo el viento
no
no fueron las hadas ni los días
ni fué mi corazón tampoco
Aterido de frío
helados los recuerdos y los planes
¿soy esta desnudez?
no es esta la choza de aire de los grandes hombres
no es esta la vastedad de los valientes
no
esta es la cañada de los arrojados
este es el mundo
si
donde no quedan ya vestigios
siquiera del horror
ni de lo que fué para nuestros padres
el abismo
monstruo fecundo
creador de humanidades
Al abismo se lo ha tragado algo más grande
más horroroso
Ante esta absoluta vorágine
no hay dios que se atreva
ni luz que no se arrodille
ni corazón de dios u hombre
que no se haga polvo
ante tanta y tanta
desesperación
pero en los mundos
en sus brechas
extravié las palabras
Ahora vuelvo sin redención
sin demonio a quien culpar
no me trajo el viento
no
no fueron las hadas ni los días
ni fué mi corazón tampoco
Aterido de frío
helados los recuerdos y los planes
¿soy esta desnudez?
no es esta la choza de aire de los grandes hombres
no es esta la vastedad de los valientes
no
esta es la cañada de los arrojados
este es el mundo
si
donde no quedan ya vestigios
siquiera del horror
ni de lo que fué para nuestros padres
el abismo
monstruo fecundo
creador de humanidades
Al abismo se lo ha tragado algo más grande
más horroroso
Ante esta absoluta vorágine
no hay dios que se atreva
ni luz que no se arrodille
ni corazón de dios u hombre
que no se haga polvo
ante tanta y tanta
desesperación
Tuesday, March 11, 2008
Mi madre me inscribió al kindergarden un año antes de la edad requerida, gracias a que obtuvo del registro civil una acta de nacimiento antefechada, por la cual pasé por un niño de cinco años cuando en realidad tenía cuatro.
Tengo vagos recuerdos de esos días. Recuerdo por ejemplo que vomité apenas vi que mi madre se marchaba. Supongo que pensé y sentí lo que todos los niños durante ese trance: el fin del mundo. O algo asi.
Recuerdo también una fuente que tenía ranas de porcelana en la orilla. En ese entonces se me hicieron enormes y enigmáticas. Por supuesto a medida que fui creciendo, tanto las ranas como la fuente dejaron de parecerme tan maravillosas como al principio. Recuerdo con vividez una mañana en la que no sé por que motivo estaba en el patio de juegos en pleno diciembre. Recuerdo haber pensado que ese era el frío más fuerte que había sentido en mi vida. Pero entre todos esos momentos hay algo que recuerdo con más nitidez y a la vez entre mayor bruma. He aqui la situación. Un niño dos años más grande que yo de nombre Ángel, no sé por qué razón habia decidido que yo era un buen saco de box, asi que me pegaba con saña y con alegría. La verdad no recuerdo si me pego sólo una vez o si las madrizas fueron varias, lo que si recuerdo es que en una ocasión este niño en compañía de otros dos energúmenos, me tenían por el suelo diciéndome algo que he olvidado, y seguramente dándome patadas o golpecitos. Tal vez tenía yo las manos en la cara, frente a los ojos o alrededor de la nuca, en un movimiento instintivo para proteger mi vida. Entre esas nieblas y esa confusión apareció de la nada otro niño que en sólo unos instantes y a base de puñetazos se deshizo de mis verdugos y los echó a correr con la cola entre las patas. Recuerdo que los amenazó con algunas palabras y recuerdo que la amenaza dió resultados. Nunca más volvieron a pegarme. Se alejaron ensangrentados y humillados, y sorprendidos de que uno solo hubiera podido con tres de ellos.
Nos hicimos mejores amigos durante el resto del kinder y durante toda la primaria. Se llamaba, y se llama Alfredo Casella. Recuerdo que compartimos el despertar inocente de nuestros deseos por las niñas. A él le gustaba mucho una que se llamaba Pilar pero que él llamaba Pili, un nombre demasiado de niña para mi gusto, es decir, me agradaba el nombre Pilar, pero no me agradaba que le llamara Pili. Le gustaba también una niña bastante fea de nombre Adriana, que no sé por qué motivo al cabo de unas semanas era ya mi novia. Mis padres me llevaron a su casa con regalos para ella, y mientras ella y yo nos mirabamos en silencio, nuestros padres acordaban los términos de nuestra pequeña relación, porque si, a partir de ese momento seríamos novios. Hoy se me hace rarísimo una situación asi, pero supongo que a mis padres les pareció bastante natural. Creo que nunca la volví a tratar. La evitaba a toda costa.
De quien verdaderamente estaba yo enamorado era de una niña que se llamaba Julia, cuyos rasgos corresponden más o menos con los que hasta la fecha me siguen gustando y que busco en una mujer. Cabellera negra y abundante, de preferencia rizada, ojos grandes, frente amplia, nariz de manguito. Era hermana de un compañero del equipo de futbol de la liga infantil en el que era yo defensa central, pero eso no lo supe sino hasta después. Creo que nunca siquiera le dirigí la palabra. Recuerdo otra niña que también me gustaba y que se llamaba Anette. Era una niña de trenzas y que usaba gafas de fondo de botella, pero tenía ese aire que después supe que llamaban "intelectual" que desde entonces me gustó. Utilicé a una prima mia de celestina y la mandé a que le dijera a Anette que si quería ser mi novia. La respuesta fue no y la humillación grande, tal vez no tanto por la respuesta en si, sino por mi prima, que sabía toda la historia y que me delataría, si no es que ya lo había hecho.
A mi amigo Casella le gustaba mucho el futbol, verlo tanto como jugarlo. Era imparable, frenético, cuando corría su cuello se hacía de atrás para adelante, como si fuera una paloma que caminara a gran velocidad. Recuerdo que su equipo favorito era el América y su ídolo en esos lejanos años era el argentino Daniel Alberto Brailowsky, jugador de renombre, un ídolo, un goleador y un sismofóbico que abandonó México a raiz del temblor del 85. Casella, Juan Guerrero, Edgar, Mauricio y yo, nos juntabamos a fantasear en el tronco hueco de un árbol enorme que había en el patio de la escuela y soñabamos con algún dia estar a la par de los cientificos rusos y gringos para hacer un auto-cohete o un helicóptero que compitiera con el entonces famoso "relámpago azul". Todos soñábamos con ser científicos. Hoy en día no sé nada de ninguno de ellos, salvo de Casella, pero no me resultaría extraño si Mauricio o Juan lo hubieran logrado, y fueran hoy médicos, biólogos, ingenieros o algo asi. Niños humildes e inteligentes. Mauricio por ejemplo, me robó una de mis últimas inocencias. Leíamos el Memín Pinguín, y la madre de uno de los personajes -carlangas- trabajaba en un cabaret, en donde yo me imaginaba que bailaba y tomaba con los clientes por una cuota determinada, pero Mauricio me miró con algo de compasión y con algo de enojo y me dijo en pocas palabras que no fuera yo pendejo, que el trabajo de una cabaretera era fundamentalmente acostarse con los clientes, -coger fue la palabra que empleó-. Yo no lo podía creer. El dibujo de la mamá de carlangas me parecía bien hecho -me gustaba, pues-, asi que visto desde hoy, creo que sentí celos de un dibujo, de una mujer de formas perfectas, vestida siempre con un entallado vestidito rojo, que se despertaba tarde, y que con pijama y con los pelos alborotados me parecía todavía más hermosa.
Después de salir de la escuela primara prácticamente nunca volví a ver a ninguno de ellos. Sólo hasta hace unas semanas Antonio Casella intentó averiguar mi paradero. En la infancia habíamos estado en mi casa algunas veces, pues era la que más cercana estaba de la escuela, de hecho muy cercana, cosa de dos calles. Yo en esos días estaba de visita en México, y una tarde salíamos a dar un paseo en coche cuando el tipo que venía hacia nosotros caminando desde la esquina se me hizo extraño, me lo quedé viendo intentando clarificar el por qué se me hacía extraño. En eso noté algo familiar en us manera de caminar. Venía tomando de la mano a una niña, -su hija, luego averigüé-, y ya viéndolo más de cerca reconocí lentamente su cara, tanto que cuando al fin recordé quien era (habían pasado 21 años desde que lo ví por última vez), ya lo habíamos perdido de vista. Olvidé por completo el asunto pues nada indicaba que hubiera sido realmente mi antiguo amigo Casella, hasta dos semanas después cuando mi tío se disculpó conmigo de no haberse acordado de decirme que un tal Alfredo había venido a buscarme en esos días, diciendo que quería verme, saber si todavía vivía yo alli y en concreto qué había sido de mi. Nunca me había pasado nada semejante asi que supongo me dió gusto.
Al día siguiente habló por teléfono a mi casa. Yo había salido, pero dejó su número de celular y al otro día el que le hablé fui yo. Supuse tontamente que le reconocería la voz. Por supuesto no fué asi y me sorprendió reconocer en la voz de un completo extraño a un viejo amigo. Hablamos un poco y como las llamadas a celulares no son baratas le propuse que nos viéramos al día siguiente. Me contestó que no, que no podía al día siguiente, pero que si estaba en mi casa pasaría a verme de inmediato. La verdad me dió un poco de flojera pero no tuve corazón para decirle que no. Mi madre que allíestaba, se sorprendió mucho. También lo recordaba y se le hacía bonito y a la vez extraño que apareciera después de tanto tiempo asi no más, llegando a tocar a nuestra puerta. En lugar de seguirla en su sospecha disfrazada opté por recordarle la anécdota de las tortas de chuleta, sus tortas de chuleta que devoré mientras él jugaba futbol en el recreo, ansioso y disfrutando por anticipado el momento de comerse esas delicias que su madre había preparado para que se las llevara de lunch al colegio. Cometió pues el error de presumírmelas por la mañana, y su error se engrandeció cuando accedió a darme un pedacito de las chuletas cortadas en pequeños trozos. Las encontré absolutamente deliciosas, asi que víctima absoluta, consciente y arrepentida de una tentación, las devoré lo más a prisa que pude mientras Casella anotaba todos los goles que podía, mientras contenía sus ganas de comerse su lunch. Lo que recuerdo es que después de la fechoría, me quedé estoicamente en ese mismo lugar, para esperar a que llegara, y antes de que dijera nada le dije casi con lágrimas en los ojos que no buscara más, que no había nada que comer, que me las había comido, las dos, y que no quedaba ni siquiera un pedacito para calmar su hambre. Noble niño, su enojo duró unos cuantos segundos, ni siquiera espetó sobre mi rostro unas palabras de reproche. Supongo que su tristeza pudo más, asi que sentí que le estaba agradecido. Nunca otras chuletas de cerdo me han resultado tan deliciosas. Nunca.
Casella tardó mucho más de lo que yo imaginaba. Al fin, a eso de las dos horas de haberme dicho que iba en camino dió tres golpes duros en el zaguán. al abrir la puerta pensé si asi me vería yo de viejo. Era él, sin duda, y me sorprendió reconocerlo tan vividamente. Yo sospechaba que iba a ser prácticamente como ver a un hombre extraño. Nos dimos un abrazo y nos miramos fijamente durante unos momentos. Decidimos ir a tomarnos un café mientras platicábamos a un Vips cercano. Mi madre, que había hablado con él cuando yo no estaba, un día anterior, me había contado que por el momento estaba desempleado. "por el momento" fue una palabra que no esperaba oir, o que me produjo cierta incomodidad cuando la oí. Nos pusimos en camino y de inmediato comenzó a hablar. Asi lo recuerdo, alguien con lo que hoy interpreto como confianza y optimismo ante la existencia. Pero su charla de hoy es distinta; naturalmente, supongo. Cómo estás Toño, me decía, ¿te acuerdas de nuestros viejos tiempos?, yo siempre le digo a mi esposa, ah!, me casé Toño, me casé, y tengo una niña; le digo, chaparrita, amigos como Toño, no se encuentra uno muchos en la vida, son como los buenos vinos Toño, que con el tiempo se van haciendo mejores, ¿no, Toño?. Carajo, pensé, ¿de qué habla este tipo?. Con tanto lugar común se me hacía todavía o más bien, definitivamente alguien extraño. Le dije que me acordaba de su padre, le conté un recuerdo bonito. Era yo niño y un día mi padre me llevó al circo, era un poco tarde asi que tomamos un taxi, y el chofer era nada menos que el padre de Casella, señor a quien reconocí de inmediato pues iba muy seguido a recogerlo al colegio. Le dije a mi padre en voz baja, Papá, este señor es el papá de mi amigo Alfredo. Asi que entre ambos le hicimos notar al señor la relación de amistad con su hijo, y el viaje nos salío gratis. Si Toño, me dijo Casella, mi papá se acuerda mucho de ti, y también recuerda esa ocasión. Tuvo un accidente Toño, hace como dos años, atropelló a una niña. Nada grave, pero estuvo encerrado como 30 días. Me decía sácame Alfredo, sácame, ya no aguanto y yo le decía pérate papá, pérame, te voy a sacar pero esto no son enchiladas, hay que pagar los gastos de la niña. Yo tenía ahorrados algunos pesos y todo se me fué en eso, Toño, pagué al final como 25,000 pesos. Pero la vida es asi Toño, uno tiene que agarrarla como al toro por los cuernos. Cuando me casé con mi chaparrita tuve que ir con su papá a pedírsela, y el señor tenía fama de que no aceptaba a ninguno de los novios de sus hijas, tanto asi que a sus dos hermanas se las robaron para poder casarse con ellas, pero yo le dije no, chaparrita, dile que voy el lunes para hablar con él. Y asi fue, y te lo juro Toño, que el señor no me pasó a la sala de su casa, nos sentamos en el zaguán de la entrada y él tenía su rifle junto a él y me dijo que si tenía yo muchos huevos, y yo le dije, no señor, no muchos, nada más dos, pero mire, muy bien puestos, sólo hasta ahora que ya llevamos 7 años de casados me he ganado su respeto Toño. Son gente de la sierra, no hay ni siquiera una buena brecha como para que una camioneta entre hasta su casa, pero asi es Toño, ¿como ves?. Su perorata era imparable, vigorosa y como dice no sé que cuento de Borges, por completo insignificante. Por toda respuesta yo pedí otro café. Realmente no tenía muchas ganas de hablar con alguien a quien no me unia ya casi nada, o nada más bien, pues hay quienes huyen de los recuerdos como de la peste y en ese momento me hubiera gustado ser uno de esos. Pero siguió hablando, y su charla era como escuchar el mar. Había una mesera que me gustaba asi que la seguía en su ir y venir mientras Casella contaba algo sobre un fraude que le cometieron (por pendejo, pensé). Había dado dinero para que la traspasaran un negocio de antojitos y a la mera hora el tipo con el que hizo el trato se desapareció y el verdadero dueño del negocio reclamó lo que era suyo. De algún modo lo compadecí. Si lo que me contaba era cierto en verdad había tenido mala suerte; había estudiado ingeniería pero no terminó, lo habían estafado varias veces, su papá atropelló a una niña y ahora estaba ya retirado, cuidando de su jardín. (esa imagen me pareció bellisima, entrañable y por extraño que parezca, lo envidié).
Pero lo peor era que no tenía trabajo desde hacía un año. Inevitablemente la imagen de las tortas de chuleta me vino a la mente mientras me contaba que había tenido envidias en su anterior trabajo, que lo habían acosado y acusado de no sé que hechos, infundados, me aseguró. Yo estaba impaciente, cansado de escuchar a un extraño hablar de cosas que no me interesaban en absoluto, y al mismo tiempo un poco extrañado de ser tan indiferente ante las dificultades de este antiguo amigo. Todavía tenía muchas cosas que hacer, asuntos, citas, cosas que comprar antes de regresarme a España, asi que decidí zafarme a la menor oportunidad. En ese momento a Casella se le quebró al voz y se quedó callado, y por fin, después de unos momentos comenzó a decir palabras verdaderas, y no ese alud de vanalidades y enseñanzas sobre la vida. Toño, estoy desesperado, mi chaparrita ya amenazó con irse de nuevo para su pueblo y con llevarse a mi hija. Y no la culpo Toño, es natural que si su marido no le da dinero pues se busque una vida mejor. Toño, he tenido mala suerte, no tengo ni siquiera 2300 pesos para sacarme la licencia de chofer. Un primo me ofrece trabajo como chofer de los camiones de la linea Cree-madero, pero Toño, no tengo ese dinero. Bajó la mirada y para disimular una frustración contenida y sus ojos enrojecidos bebió un sorbo de su capuchino. Me acordé de su afición al américa, de su manera vigorosa de correr, de cuánto le gustaba jugar al fútbol, y por supuesto me acordé de sus tortas de jamón, de nuestros sueños, de nuestras ganas de ser científicos, del árbol donde hacíamos nuestras reuniones. Todo eso me pareció extraño, lejano. La vida es una mierda, pensé. Pero luego lo miré convencido de que era un extraño, de que no éramos amigos ni remotamente, y lo ví como a una persona común y corriente, un hombre en apuros, un alma necesitada, el prójimo. Cúanta desesperación debió tener para recurrir a mi, después de tantos y tantos años. Recordé la imagen de una fotografía donde ambos salimos vestidos de vagabundos en un festival escolar, junto a nuestra maestra de primaria, la maestra Mayo, muerta hace ya muchos años: El peso del tiempo se me hizo intolerable pues vi claramente que yo era también un extraño para mi mismo. Sin pensarlo dos veces, sin culpas, sin virtudes y sin remordimientos le dije yo te los presto. Alfredo hizo una cara extraña, me miró sin atreverse a demostrar agradecimiento, con una mezcla de vergüenza y de dicha, tal vez también de odio a un extraño, y me dijo ¿de veras Toño?. Yo le dije, por supuesto, es más mira, pagamos, -yo lo invité- y vamos al banco más cercano y ya está. Le pregunté si era un trabajo que le convenía y me dijo claro Toño, son 300 pesos diarios. Ese extraño de grandes cachetes que tenía enfrente acabó de enternecerme. Recordé que un primo mío de mi edad hace poco expresó con toda candidez su deseo de conocer el mar: ¡conocer el mar!. Y entonces fuí yo el que filosofé y pensé que ese solo evento, tan tierno, tan inocente, tan débil, bastaba para redimir a todos los hombres que han pisado esta tierra. Y me dieron ganas de llorar.
Cuando lo fuí a dejar al paseo bravo donde tomaría su combi para su casa me dijo que me hablaría para que fuera a concer su casa y a su esposa y a su niña. Siempre les hablo de ti Toño, siempre les cuento de nuestros sueños y de nuestras aventuras, de nuestros amigos y de las niñas que nos gustaban. A esas alturas ya me pareció de mal gusto el que me hiciera creer lo presente que estaba yo en su vida. No tienes nada que agradecer wey, pensé.
Aparte de prometerme que me invitaría a comer a su casa le di mi cuenta de correo y me dijo que me escribiría. No hizo ninguna de las dos cosas.
Tengo vagos recuerdos de esos días. Recuerdo por ejemplo que vomité apenas vi que mi madre se marchaba. Supongo que pensé y sentí lo que todos los niños durante ese trance: el fin del mundo. O algo asi.
Recuerdo también una fuente que tenía ranas de porcelana en la orilla. En ese entonces se me hicieron enormes y enigmáticas. Por supuesto a medida que fui creciendo, tanto las ranas como la fuente dejaron de parecerme tan maravillosas como al principio. Recuerdo con vividez una mañana en la que no sé por que motivo estaba en el patio de juegos en pleno diciembre. Recuerdo haber pensado que ese era el frío más fuerte que había sentido en mi vida. Pero entre todos esos momentos hay algo que recuerdo con más nitidez y a la vez entre mayor bruma. He aqui la situación. Un niño dos años más grande que yo de nombre Ángel, no sé por qué razón habia decidido que yo era un buen saco de box, asi que me pegaba con saña y con alegría. La verdad no recuerdo si me pego sólo una vez o si las madrizas fueron varias, lo que si recuerdo es que en una ocasión este niño en compañía de otros dos energúmenos, me tenían por el suelo diciéndome algo que he olvidado, y seguramente dándome patadas o golpecitos. Tal vez tenía yo las manos en la cara, frente a los ojos o alrededor de la nuca, en un movimiento instintivo para proteger mi vida. Entre esas nieblas y esa confusión apareció de la nada otro niño que en sólo unos instantes y a base de puñetazos se deshizo de mis verdugos y los echó a correr con la cola entre las patas. Recuerdo que los amenazó con algunas palabras y recuerdo que la amenaza dió resultados. Nunca más volvieron a pegarme. Se alejaron ensangrentados y humillados, y sorprendidos de que uno solo hubiera podido con tres de ellos.
Nos hicimos mejores amigos durante el resto del kinder y durante toda la primaria. Se llamaba, y se llama Alfredo Casella. Recuerdo que compartimos el despertar inocente de nuestros deseos por las niñas. A él le gustaba mucho una que se llamaba Pilar pero que él llamaba Pili, un nombre demasiado de niña para mi gusto, es decir, me agradaba el nombre Pilar, pero no me agradaba que le llamara Pili. Le gustaba también una niña bastante fea de nombre Adriana, que no sé por qué motivo al cabo de unas semanas era ya mi novia. Mis padres me llevaron a su casa con regalos para ella, y mientras ella y yo nos mirabamos en silencio, nuestros padres acordaban los términos de nuestra pequeña relación, porque si, a partir de ese momento seríamos novios. Hoy se me hace rarísimo una situación asi, pero supongo que a mis padres les pareció bastante natural. Creo que nunca la volví a tratar. La evitaba a toda costa.
De quien verdaderamente estaba yo enamorado era de una niña que se llamaba Julia, cuyos rasgos corresponden más o menos con los que hasta la fecha me siguen gustando y que busco en una mujer. Cabellera negra y abundante, de preferencia rizada, ojos grandes, frente amplia, nariz de manguito. Era hermana de un compañero del equipo de futbol de la liga infantil en el que era yo defensa central, pero eso no lo supe sino hasta después. Creo que nunca siquiera le dirigí la palabra. Recuerdo otra niña que también me gustaba y que se llamaba Anette. Era una niña de trenzas y que usaba gafas de fondo de botella, pero tenía ese aire que después supe que llamaban "intelectual" que desde entonces me gustó. Utilicé a una prima mia de celestina y la mandé a que le dijera a Anette que si quería ser mi novia. La respuesta fue no y la humillación grande, tal vez no tanto por la respuesta en si, sino por mi prima, que sabía toda la historia y que me delataría, si no es que ya lo había hecho.
A mi amigo Casella le gustaba mucho el futbol, verlo tanto como jugarlo. Era imparable, frenético, cuando corría su cuello se hacía de atrás para adelante, como si fuera una paloma que caminara a gran velocidad. Recuerdo que su equipo favorito era el América y su ídolo en esos lejanos años era el argentino Daniel Alberto Brailowsky, jugador de renombre, un ídolo, un goleador y un sismofóbico que abandonó México a raiz del temblor del 85. Casella, Juan Guerrero, Edgar, Mauricio y yo, nos juntabamos a fantasear en el tronco hueco de un árbol enorme que había en el patio de la escuela y soñabamos con algún dia estar a la par de los cientificos rusos y gringos para hacer un auto-cohete o un helicóptero que compitiera con el entonces famoso "relámpago azul". Todos soñábamos con ser científicos. Hoy en día no sé nada de ninguno de ellos, salvo de Casella, pero no me resultaría extraño si Mauricio o Juan lo hubieran logrado, y fueran hoy médicos, biólogos, ingenieros o algo asi. Niños humildes e inteligentes. Mauricio por ejemplo, me robó una de mis últimas inocencias. Leíamos el Memín Pinguín, y la madre de uno de los personajes -carlangas- trabajaba en un cabaret, en donde yo me imaginaba que bailaba y tomaba con los clientes por una cuota determinada, pero Mauricio me miró con algo de compasión y con algo de enojo y me dijo en pocas palabras que no fuera yo pendejo, que el trabajo de una cabaretera era fundamentalmente acostarse con los clientes, -coger fue la palabra que empleó-. Yo no lo podía creer. El dibujo de la mamá de carlangas me parecía bien hecho -me gustaba, pues-, asi que visto desde hoy, creo que sentí celos de un dibujo, de una mujer de formas perfectas, vestida siempre con un entallado vestidito rojo, que se despertaba tarde, y que con pijama y con los pelos alborotados me parecía todavía más hermosa.
Después de salir de la escuela primara prácticamente nunca volví a ver a ninguno de ellos. Sólo hasta hace unas semanas Antonio Casella intentó averiguar mi paradero. En la infancia habíamos estado en mi casa algunas veces, pues era la que más cercana estaba de la escuela, de hecho muy cercana, cosa de dos calles. Yo en esos días estaba de visita en México, y una tarde salíamos a dar un paseo en coche cuando el tipo que venía hacia nosotros caminando desde la esquina se me hizo extraño, me lo quedé viendo intentando clarificar el por qué se me hacía extraño. En eso noté algo familiar en us manera de caminar. Venía tomando de la mano a una niña, -su hija, luego averigüé-, y ya viéndolo más de cerca reconocí lentamente su cara, tanto que cuando al fin recordé quien era (habían pasado 21 años desde que lo ví por última vez), ya lo habíamos perdido de vista. Olvidé por completo el asunto pues nada indicaba que hubiera sido realmente mi antiguo amigo Casella, hasta dos semanas después cuando mi tío se disculpó conmigo de no haberse acordado de decirme que un tal Alfredo había venido a buscarme en esos días, diciendo que quería verme, saber si todavía vivía yo alli y en concreto qué había sido de mi. Nunca me había pasado nada semejante asi que supongo me dió gusto.
Al día siguiente habló por teléfono a mi casa. Yo había salido, pero dejó su número de celular y al otro día el que le hablé fui yo. Supuse tontamente que le reconocería la voz. Por supuesto no fué asi y me sorprendió reconocer en la voz de un completo extraño a un viejo amigo. Hablamos un poco y como las llamadas a celulares no son baratas le propuse que nos viéramos al día siguiente. Me contestó que no, que no podía al día siguiente, pero que si estaba en mi casa pasaría a verme de inmediato. La verdad me dió un poco de flojera pero no tuve corazón para decirle que no. Mi madre que allíestaba, se sorprendió mucho. También lo recordaba y se le hacía bonito y a la vez extraño que apareciera después de tanto tiempo asi no más, llegando a tocar a nuestra puerta. En lugar de seguirla en su sospecha disfrazada opté por recordarle la anécdota de las tortas de chuleta, sus tortas de chuleta que devoré mientras él jugaba futbol en el recreo, ansioso y disfrutando por anticipado el momento de comerse esas delicias que su madre había preparado para que se las llevara de lunch al colegio. Cometió pues el error de presumírmelas por la mañana, y su error se engrandeció cuando accedió a darme un pedacito de las chuletas cortadas en pequeños trozos. Las encontré absolutamente deliciosas, asi que víctima absoluta, consciente y arrepentida de una tentación, las devoré lo más a prisa que pude mientras Casella anotaba todos los goles que podía, mientras contenía sus ganas de comerse su lunch. Lo que recuerdo es que después de la fechoría, me quedé estoicamente en ese mismo lugar, para esperar a que llegara, y antes de que dijera nada le dije casi con lágrimas en los ojos que no buscara más, que no había nada que comer, que me las había comido, las dos, y que no quedaba ni siquiera un pedacito para calmar su hambre. Noble niño, su enojo duró unos cuantos segundos, ni siquiera espetó sobre mi rostro unas palabras de reproche. Supongo que su tristeza pudo más, asi que sentí que le estaba agradecido. Nunca otras chuletas de cerdo me han resultado tan deliciosas. Nunca.
Casella tardó mucho más de lo que yo imaginaba. Al fin, a eso de las dos horas de haberme dicho que iba en camino dió tres golpes duros en el zaguán. al abrir la puerta pensé si asi me vería yo de viejo. Era él, sin duda, y me sorprendió reconocerlo tan vividamente. Yo sospechaba que iba a ser prácticamente como ver a un hombre extraño. Nos dimos un abrazo y nos miramos fijamente durante unos momentos. Decidimos ir a tomarnos un café mientras platicábamos a un Vips cercano. Mi madre, que había hablado con él cuando yo no estaba, un día anterior, me había contado que por el momento estaba desempleado. "por el momento" fue una palabra que no esperaba oir, o que me produjo cierta incomodidad cuando la oí. Nos pusimos en camino y de inmediato comenzó a hablar. Asi lo recuerdo, alguien con lo que hoy interpreto como confianza y optimismo ante la existencia. Pero su charla de hoy es distinta; naturalmente, supongo. Cómo estás Toño, me decía, ¿te acuerdas de nuestros viejos tiempos?, yo siempre le digo a mi esposa, ah!, me casé Toño, me casé, y tengo una niña; le digo, chaparrita, amigos como Toño, no se encuentra uno muchos en la vida, son como los buenos vinos Toño, que con el tiempo se van haciendo mejores, ¿no, Toño?. Carajo, pensé, ¿de qué habla este tipo?. Con tanto lugar común se me hacía todavía o más bien, definitivamente alguien extraño. Le dije que me acordaba de su padre, le conté un recuerdo bonito. Era yo niño y un día mi padre me llevó al circo, era un poco tarde asi que tomamos un taxi, y el chofer era nada menos que el padre de Casella, señor a quien reconocí de inmediato pues iba muy seguido a recogerlo al colegio. Le dije a mi padre en voz baja, Papá, este señor es el papá de mi amigo Alfredo. Asi que entre ambos le hicimos notar al señor la relación de amistad con su hijo, y el viaje nos salío gratis. Si Toño, me dijo Casella, mi papá se acuerda mucho de ti, y también recuerda esa ocasión. Tuvo un accidente Toño, hace como dos años, atropelló a una niña. Nada grave, pero estuvo encerrado como 30 días. Me decía sácame Alfredo, sácame, ya no aguanto y yo le decía pérate papá, pérame, te voy a sacar pero esto no son enchiladas, hay que pagar los gastos de la niña. Yo tenía ahorrados algunos pesos y todo se me fué en eso, Toño, pagué al final como 25,000 pesos. Pero la vida es asi Toño, uno tiene que agarrarla como al toro por los cuernos. Cuando me casé con mi chaparrita tuve que ir con su papá a pedírsela, y el señor tenía fama de que no aceptaba a ninguno de los novios de sus hijas, tanto asi que a sus dos hermanas se las robaron para poder casarse con ellas, pero yo le dije no, chaparrita, dile que voy el lunes para hablar con él. Y asi fue, y te lo juro Toño, que el señor no me pasó a la sala de su casa, nos sentamos en el zaguán de la entrada y él tenía su rifle junto a él y me dijo que si tenía yo muchos huevos, y yo le dije, no señor, no muchos, nada más dos, pero mire, muy bien puestos, sólo hasta ahora que ya llevamos 7 años de casados me he ganado su respeto Toño. Son gente de la sierra, no hay ni siquiera una buena brecha como para que una camioneta entre hasta su casa, pero asi es Toño, ¿como ves?. Su perorata era imparable, vigorosa y como dice no sé que cuento de Borges, por completo insignificante. Por toda respuesta yo pedí otro café. Realmente no tenía muchas ganas de hablar con alguien a quien no me unia ya casi nada, o nada más bien, pues hay quienes huyen de los recuerdos como de la peste y en ese momento me hubiera gustado ser uno de esos. Pero siguió hablando, y su charla era como escuchar el mar. Había una mesera que me gustaba asi que la seguía en su ir y venir mientras Casella contaba algo sobre un fraude que le cometieron (por pendejo, pensé). Había dado dinero para que la traspasaran un negocio de antojitos y a la mera hora el tipo con el que hizo el trato se desapareció y el verdadero dueño del negocio reclamó lo que era suyo. De algún modo lo compadecí. Si lo que me contaba era cierto en verdad había tenido mala suerte; había estudiado ingeniería pero no terminó, lo habían estafado varias veces, su papá atropelló a una niña y ahora estaba ya retirado, cuidando de su jardín. (esa imagen me pareció bellisima, entrañable y por extraño que parezca, lo envidié).
Pero lo peor era que no tenía trabajo desde hacía un año. Inevitablemente la imagen de las tortas de chuleta me vino a la mente mientras me contaba que había tenido envidias en su anterior trabajo, que lo habían acosado y acusado de no sé que hechos, infundados, me aseguró. Yo estaba impaciente, cansado de escuchar a un extraño hablar de cosas que no me interesaban en absoluto, y al mismo tiempo un poco extrañado de ser tan indiferente ante las dificultades de este antiguo amigo. Todavía tenía muchas cosas que hacer, asuntos, citas, cosas que comprar antes de regresarme a España, asi que decidí zafarme a la menor oportunidad. En ese momento a Casella se le quebró al voz y se quedó callado, y por fin, después de unos momentos comenzó a decir palabras verdaderas, y no ese alud de vanalidades y enseñanzas sobre la vida. Toño, estoy desesperado, mi chaparrita ya amenazó con irse de nuevo para su pueblo y con llevarse a mi hija. Y no la culpo Toño, es natural que si su marido no le da dinero pues se busque una vida mejor. Toño, he tenido mala suerte, no tengo ni siquiera 2300 pesos para sacarme la licencia de chofer. Un primo me ofrece trabajo como chofer de los camiones de la linea Cree-madero, pero Toño, no tengo ese dinero. Bajó la mirada y para disimular una frustración contenida y sus ojos enrojecidos bebió un sorbo de su capuchino. Me acordé de su afición al américa, de su manera vigorosa de correr, de cuánto le gustaba jugar al fútbol, y por supuesto me acordé de sus tortas de jamón, de nuestros sueños, de nuestras ganas de ser científicos, del árbol donde hacíamos nuestras reuniones. Todo eso me pareció extraño, lejano. La vida es una mierda, pensé. Pero luego lo miré convencido de que era un extraño, de que no éramos amigos ni remotamente, y lo ví como a una persona común y corriente, un hombre en apuros, un alma necesitada, el prójimo. Cúanta desesperación debió tener para recurrir a mi, después de tantos y tantos años. Recordé la imagen de una fotografía donde ambos salimos vestidos de vagabundos en un festival escolar, junto a nuestra maestra de primaria, la maestra Mayo, muerta hace ya muchos años: El peso del tiempo se me hizo intolerable pues vi claramente que yo era también un extraño para mi mismo. Sin pensarlo dos veces, sin culpas, sin virtudes y sin remordimientos le dije yo te los presto. Alfredo hizo una cara extraña, me miró sin atreverse a demostrar agradecimiento, con una mezcla de vergüenza y de dicha, tal vez también de odio a un extraño, y me dijo ¿de veras Toño?. Yo le dije, por supuesto, es más mira, pagamos, -yo lo invité- y vamos al banco más cercano y ya está. Le pregunté si era un trabajo que le convenía y me dijo claro Toño, son 300 pesos diarios. Ese extraño de grandes cachetes que tenía enfrente acabó de enternecerme. Recordé que un primo mío de mi edad hace poco expresó con toda candidez su deseo de conocer el mar: ¡conocer el mar!. Y entonces fuí yo el que filosofé y pensé que ese solo evento, tan tierno, tan inocente, tan débil, bastaba para redimir a todos los hombres que han pisado esta tierra. Y me dieron ganas de llorar.
Cuando lo fuí a dejar al paseo bravo donde tomaría su combi para su casa me dijo que me hablaría para que fuera a concer su casa y a su esposa y a su niña. Siempre les hablo de ti Toño, siempre les cuento de nuestros sueños y de nuestras aventuras, de nuestros amigos y de las niñas que nos gustaban. A esas alturas ya me pareció de mal gusto el que me hiciera creer lo presente que estaba yo en su vida. No tienes nada que agradecer wey, pensé.
Aparte de prometerme que me invitaría a comer a su casa le di mi cuenta de correo y me dijo que me escribiría. No hizo ninguna de las dos cosas.
Saturday, March 08, 2008
blanca
blanquísima
te rendía tributo un fulgor venido desde siempre
te besaban la espalda todas las odas del mundo
te besaba yo
atónito
como si fuera posible beberte y luego morir
te supieron madura mis manos y mis muslos
te hice yerba y niebla-melodía
mandrágora hembra
gurú de tréboles
te adoré como el primer viento acarició
los acantilados que no habían nacido anoche
y tú emocionada
renacida niña
pira de raíz honda
extendías para mi en el horizonte
tus labios y tu aroma que inauguraron este mundo
estancia donada al hombre
por algún animal benévolo
fuiste dunas de tibio roce
húmedo y ciego pálpito
venido a morir a mi
marea dúctil
dócil y ancestral llamado
aroma de eternidad
venido a parar hasta mis labios
te canto
como cantó el alfarero
sus primeras ofrendas a la tarde
su ancestral reclamo
su ansia beduina de musgos en cascada
¿habré de saberte toda
ciudad ya hecha
ansia de conquista
odalisca oculta
leyenda hecha carne?
blanquísima
te rendía tributo un fulgor venido desde siempre
te besaban la espalda todas las odas del mundo
te besaba yo
atónito
como si fuera posible beberte y luego morir
te supieron madura mis manos y mis muslos
te hice yerba y niebla-melodía
mandrágora hembra
gurú de tréboles
te adoré como el primer viento acarició
los acantilados que no habían nacido anoche
y tú emocionada
renacida niña
pira de raíz honda
extendías para mi en el horizonte
tus labios y tu aroma que inauguraron este mundo
estancia donada al hombre
por algún animal benévolo
fuiste dunas de tibio roce
húmedo y ciego pálpito
venido a morir a mi
marea dúctil
dócil y ancestral llamado
aroma de eternidad
venido a parar hasta mis labios
te canto
como cantó el alfarero
sus primeras ofrendas a la tarde
su ancestral reclamo
su ansia beduina de musgos en cascada
¿habré de saberte toda
ciudad ya hecha
ansia de conquista
odalisca oculta
leyenda hecha carne?
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