Wednesday, April 25, 2007

Llovía, y pese a que me esperé en la cafeteria leyendo el tomo de poesía completa de Roberto Bolaño (20 euros), me la encontré a la salida, camino del metro. Yo llevaba paraguas y caminaba de prisa cuando sentí que alguien -ella- se protegía de la lluvia junto a mi. Fue una sorpresa. Ultimamente me ignoraba. En concreto desde la única vez que nos vimos fuera de la universidad. Ese día era mi cumpleaños y salimos a tomar un café, de eso hace ya como un mes o algo así. Era domingo y pese a que llegó con 14 minutos de retraso todo comenzó bien. Me regáló un conejo de chocolate con envoltura dorada y yo en verdad se lo agradecí. Pero de inmediato las cosas comenzaron a ir mal. Ella es demasiado rigurosa y se toma todo con seriedad. Yo soy demasiado infantil y todo lo hago broma, de todo hago una ironía, de todo hago una situación irreal, como si viviera en una pelicula de hollywood. No congeniamos para nada. A la hora y media de discutir por las más insignificantes nimiedades ella veía su reloj con insistencia, asi que nos fuimos y me senti el hombre más imbécil sobre esta tierra que se la va a llevar el carajo muy pronto.

Desde entonces me ignora. Se dedica a ignorarme y lo hace con tal maestría que me hace suponer que lo que en realidad siente es exactamente lo contrario. Pero ya estoy aqui de nuevo, queriendo que esto sea una historia romántica. No. Lo más seguro es que en verdad sea yo para ella el último de los hombres sobre el planeta y que mi sola presencia le moleste. Procuro no verla, no hablarle, no nada. Y me duele porque me gusta, me atrae locamente. Ni yo mismo lo entiendo, no es demasiado bonita, no tiene buen cuerpo, me ignora, es demasiado congruente, neurótica: infierno seguro. Sera que soy un masoquista clínico, cínico, crónico y declarado.

Por eso me gustó, pero me resultó extraño que se pegara demasiado a mi cuerpo bajo la sombra del paraguas, en una lluvia en madrid a comienzos de mayo, (estas lloviznitas) y que comenzara una charla con muchas sonrisas y simpatías. Me puse de inmediato en alerta. O era muy hipócrita o en verdad sentía algo por mi que su carácter le impedia revelarmelo, y por eso aprovechaba esta ocasión para reanudar algo que inexplicablemente habia terminado por ser una situación incómoda. No lo sé.

Esas y otras cosas pensaba cuando al pasar por un pequeño charco recordé mis sueños de las ultimas noches. Sueño que devoro tortugas. Tortuguitas y tortugas de tamaño mediano. Me da asco comerlas, y sobre todo, lástima de engullir como si fuera un ostión su cuerpecito blando. Pero en el sueño siempre tengo ya un bocado en la boca, y sabe muy bien. O en otras palabras, sé que el masoquismo es malo, pero me gusta.

Ella se regresa a su país en junio, y yo al mío en julio. Yo volveré a España al cabo de dos meses, mientras que ella no lo tiene muy seguro, posiblemente no le renueven su beca y eso la tiene pesimista, preocupada. Cuando me lo dijo intenté consolarla y darle ánimos, pero como si estuviera yo loco, ella practicamente se ofendió, me dijo que no le vendiera esperanzas falsas, que ella era una persona realista y sabía que no podría terminar el doctorado y que en su vida habia sido feliz solo unos meses mientras estaba en una ciudad del norte. Tremendo, pensé yo. Nunca había conocido a nadie asi. Eso si, es muy inteligente, demasiado tal vez, y por eso sufre también demasiado. Pero es como una niña, no sé. Yo lo veo claro, tiene una gran necesidad de afecto.

Comenzó a preguntarme por mi familia, si tenia hermanos, cosas así. Ante esa evidente anomalía yo tenia dos opciones. O seguir haciendo como que no pasaba nada -opción prudente-, o preguntarle directamente que era todo eso. ¿se mostraba amable solo por estar usando mi paraguas?. No tendria que hacerlo. Yo sé que me aborreces, y no importa, yo de todos modos comparto contigo mi paraguas de aqui hasta que lleguemos al metro, y si está lloviendo demasiado (aunque en Madrid cuando llueve nunca llueve demasiado), te dejo mi paraguas para que te lo lleves a tu casa, para que no te mojes, y luego me lo devuelves.

Por esta vez fui prudente y en medio de un silencio -cómodo, lo cual fue muy extraño- comencé a pensar en Roberto Bolaño. Siempre que yo le había intentado parecer simpático con mis referencias literarias ella se habia encargado de hacerme mierda, pero esta vez sin pensarlo demasiado le pregunté si ya había leído los detectives salvajes. Me contestó que si, y que le había encantado. Yo le dije -vaya, al fin tenemos algo en común-. Su risa fue como yo me la imaginaba: Griega (ahora no sé qué es una risa griega, y antes de que ella se riera en ese momento, nunca habia pensado en cómo se reiría, pero cuando se rió supe que asi me había imaginado su risa, y que era en efecto: griega), y comenzó a hablar sobre la obra como si estuviera dando una conferencia. A veces sé cuando debo callar y escuchar, y esa vez lo supe. Me limité a coquetearle con la mirada y con la sonrisa, mientras pensaba cómo me gustaba y me imaginaba ya los nervíos de invitarla a salir la próxima vez. Tal vez ella hubiera decidido portarse bien conmigo después de todo, tal vez en verdad yo le atraía y había decidido hacer caso a mi amor que comenzaba a ser notorio para todos. Aquel domingo de mi cumpleaños, le pregunté sobre su vida amorosa y creo que eso fue lo que más la molestó. Puso cara de indignación y me dijo que por supuesto que no no me iba a contar. -Además no hay nada que contar- me dijo. Me costaba trabajo imaginar que ella, a sus 28 no hubiera tenido nunca una relación con un hombre, pero eso era bueno para mi, porque posiblemente ahora estuviera dispuesta a remediar conmigo esa tragedia.

llegamos al metro y me sentí feliz. Yo sabía que ella era feliz y estaba en paz también. Se llevó mi paraguas y tomamos direcciones opuestas en los andenes. Cuando bajaba las escaleras decidí hacerle una broma de andén a andén, por eso me extraño no verla bajar nunca, pese a que estuve alli unos minutos hasta que llegó el vagón, me subí y me fui.

Esa noche un amigo mio que asiste con nosotros a una clase me llamó por teléfono. Me dió una noticia que no sé por qué no me inquietó en lo más mínimo. Según lo que me dijo, ella habia muerto esa mañana en la universidad, en medio de una clase de sánscrito, víctima de un infarto fulminante.

Eso lo explica todo.

Thursday, April 12, 2007

La conspiración Baremboim

(Reuters) Madrid. 21 de octubre de 2006.- En lo que fué un insólito y trágico hecho para los amantes de la música clásica, Daniel Baremboim, el afamado pianista y director de orquesta, considerado uno de los mejores pianistas de su generación, y figura de primer plano en el mundo de la música culta, fue atacado hoy al filo de las 2:00 am por un inmigrante ecuatoriano.

Los hechos ocurrieron cuando Baremboim daba autógrafos tras la finalización de un concierto efectuado en el Auditorio Nacional de Música, situado en el centro de Madrid. Simulando ser un admirador, el ecuatoriano, de nombre Antonio Blancón, esperó su turno para pasar a saludar personalmente al afamado músico, y en un rápido movimiento le mutiló la mano derecha. Blancón no opuso resistencia al arresto que realizó el personal de seguridad privada del pianista. Según testigos, en el momento del arresto Blancón estaba sermoneando al pianista, insultándolo y mofándose de la herida infringida, afirmando que habia hecho un bien al mundo de la música.Hasta el momento Blancón sigue arraigado en las instalaciones de la policia de la municipalidad, mientras que elementos de la Fiscalia de la Nación esperan a que Baremboim se recupere de la operación que intentó salvar su mano, a efecto de que presente y ratifique la denuncia correspondiente. No obstante los esfuerzos y la rapidez de los servicios médicos, la operación fue un fracaso y la mano del pianista tuvo que ser amputada.Diversas organizaciones y fundaciones dedicadas a la promoción de la música culta se han pronunciado ya por una mayor seguridad para los artistas y por un ejemplar castigo al agresor. Por su parte organizaciones conservadoras han aprovechado ya la situación para dar impulso a las iniciativas por un mayor control de los inmigrantes.

Para empezar, ni me apellido Blancón, sino Blanco, ni soy ecuatoriano, sino mexicano. Pero no tengo nada contra los ecuatorianos, eso que quede claro, de hecho, en el tiempo que llevo de vivir en Madrid, me han confundido con todo tipo de latinoamericanos: ecuatorianos, peruanos, bolivianos y, -oígame- incluso con africanos, esto cuando un venezolano me preguntó si era egipcio, recientemente que asistí a un coloquio sobre Ibn Jaldún, o Abejaldún, en el cual aprendí que el mejor historiador, filósofo, sociólogo y medico del mundo árabe en el siglo XIV, no fué Ibn Jaldún sino Ibn al Jatib.

Me doy cuenta ahora, que a los mexicanos se nos da mucho eso de defender la x de la palabra México, que llevamos tatuada en el alma. De hecho, cuando me hagan el próximo exámen psicológico (me tocó en suerte una joven psicóloga guapísima, -aunque esta última aclaración es un poco torpe, pues casi todas las españolas jovenes son guapísimas-, dulce y con un aroma que enloquecería al más cuerdo), le voy a argumentar que había una furia en mi, oculta, vengativa y explosiva, esperando la oportunidad para joderlo todo, y le argumentaré que mi teoria dice que dicha furia o sentimiento de algo explosivo me era ocasionada por ver que los españoles escriben Méjico en lugar de México. ¡No entienden por más que uno les ponga la X, asi, en mayúsculas!. No. Parecen no notarlo.

Esto puede ser una buena explicación de mi ataque al estúpido de baremboim, asi, con B minúscula, que es lo más que se merece. Pero pensándolo bien no creo hacer eso, mejor será asumir mi posición como apóstol del gran arte, y defender hasta el final que mi heroico acto fue un verdadero sacrificio que ya era tiempo que alguien hiciera.El origen de todo esto viene de mucho tiempo atrás. Cuando era niño pecaba de tímido, asi que para justificar mi aislamiento hacía cosas que a nadie más le gustaban y cultivaba hobbies que a todo el mundo le parecian excéntricos. Por supuesto, mi clara lógica de la niñez no pudo preveer que al hacer eso, en lugar de hacerme parecer como alguien normal, me iba rodeando de una fama de misántropo, excentrico, zafado, toto, raro, loco. Una vez entrado en la adolescencia no pude librarme de esa imagen ni de esos hobbies.

Uno que en verdad llegó a gustarme fue asistir a conferencias dictadas en una lengua totalmente extraña para mi, bien francés, alemán o similares. Mientras más extraña resultaba la lengua, más insólito el tema y más extraña la concurrencia, más a gusto me sentía. De esa forma, llegué a asistir a conferencias en ruso, en árabe, en hindí, en húngaro y en muchas otras de todo tipo, que regularmente tenían lugar en las embajadas.Una ocasión, en la embajada de Israel, asistí a una conferencia en hebreo sobre la aportación de la raza judia al mundo de la música, en donde a manera de taller, nos pasaron diversas piezas musicales hechas por compositores judios, asi como videos y grabaciones de pianistas, violinistas, cellistas y directores de orquesta judios de renombre mundial. Debo decir, que muy al contrario de la indiferencia divertida en que me sumía en dichos eventos, en esa ocasión pude al menos entender la música y apreciar en los videos la ejecución de estos grandes virtuosos del instrumento.

Yo tenía en ese entonces unos 15 años, y a partir de allí me enamoré perdidamente del mundo de la música clásica. Comencé a coleccionar discos, revistas especializadas, libros, y a aprender el arte del piano con lecciones privadas al principio y luego en la licenciatura en piano en la universidad. Al cabo de unos pocos años, llegué a tocar lo suficiente como para ser becado por el gobierno mexicano para venir a perfeccionar mi técnica en la escuela superior de música Reina Sofia en Madrid. Asi pues, la música me tocó, digamos, de la manera más extraña posible, y ahora creo, y defenderé hasta la muerte mi convicción de que fui escogido por ella para loables propósitos.De manera natural comencé a formarme un criterio fundamentado sobre la calidad de las piezas y sobre el arte de los pianistas, sabiendo quiénes eran los buenos, y en qué aspectos del arte del piano eran buenos, puesto que no es lo mismo un Brendel que un Horowitz, ni un Arrau que una Argerich, como todo el mundo sabe.

El primer disco de Daniel Baremboim que cayó en mis manos fué uno en el que tocaba tres sonatas de Beethoven. Yo para ese entonces ya conocia a la perfección la interpretación que de esas sonatas hacian Arrau, Richter, Brendel y Serkin, y solamente me faltaba conocer la versión de Schnabel, para poder decir que ya conocía la interpretación de los mejores beethovenianos. Me tope pues, en manos de Baremboim, con lo que de inmediato reconocí como una interpretación regular, digna de un examen profesional de un alumno promedio de cualquier conservatorio latinoamericano. No puse mayor atención al asunto, y el disco fue a parar a la sección D, de mi colección, que es donde acumulaba esos discos que no tenía caso volver a escuchar. Además, la casa disquera era una que vendía a bajos precios en los kioscos de periódicos, asi que por su bajo precio atribuí esa versión a un pianista de poca monta.

La sorpresa vino poco después, cuando comenzó a llegar a mi domicilio, una suscripcion anual a una revista especializada en música clásica. En el número del mes de abril, venía un amplio reportaje sobre Daniel Baremboim, pianista argentino de ascendencia rusa-judia, que siendo niño prodigio, habia tocado para Arrau y para Horowitz, no causando mayor impresión en ninguno de ellos. Años después, cuando mi encono hacia este hombrecillo había crecido mucho más, me enteré que siendo adolescente, habia presentado y reprobado su versión de la appassionata de Beethoven en audición privada para el gran Claudio Arrau. Entonces, ¿por qué un pianista mediocre aparecía en portadas de revistas y grababa -lo descubrí con sorpresa-, para importantes casas disqueras?. Desde entonces se me hizo claro que este era un hombre sin escrupulos, que haría hasta lo imposible por sobresalir en un mundo en el que habia verdaderos virtuosos, y que por tanto, no le correspondía. La verdad es que entonces no lo tenia muy claro, ni siquiera miraba al asunto como algo que valiera la pena investigar o seguir de cerca. Sin embargo, hoy les aseguro que desde entonces sentí el llamado en mis entrañas, fui escogido desde lo alto para llevar a cabo una inmolación, una ceremonia, un ritual sagrado.

La victima sin embargo no era -ni podía ser Daniel Baremboim -bendito sea el altisimo de que su mano ya no existe pegada a su cuerpo, y de que ya no tocará más el gran instrumento de instrumentos, ni usará sus regordetas falanges para tomar una batuta, sacrilegio imperdonable, ni dirigirse, arrogante y ciego, a los nobles músicos de las más grandes orquestas del mundo-, puesto que el altísimo no gusta de víctimas y ofrecimientos inmundos, sino tal vez yo. Tal vez digo, no lo aseguro, pues la vanidad ha dejado de atormentarme y no me gusta presentarme como una victima pura y libre de mancha. Pero alguien tiene que ser esta vez el cordero, y de una cosa estoy seguro: Baremboim no es agradable al Señor. Tal vez, repito, tal vez la carne sin mancha sea yo mismo.

El tipejo este, Baremboim, una vez entrado en sus veinte, mientras hacía una gris carrera en Europa, dando pequeños recitales que solamente el dinero de su familia era capaz de conseguir, dió lo que a la larga ha venido a ser su golpe maestro. Enamoró y desposó a la mayor Cellista de este siglo, la canadiense Jaqueline Dupré, en una típica maniobra conocida desde antaño, en que un personaje mediocre se pone cerca de los semidioses del arte para compartir un poco su fulgor. La maniobra le ha dado resultado desde entonces. Hoy en dia por ejemplo, apenas se descubre un nuevo genio del piano, del violin o del cello, Baremboim se apresura a gestionar a través de su disquera, encuentros televisados en donde toca a duo con los jóvenes genios del violín o del cello, e incluso clases magistrales -donde por supuesto él es el maestro-, en donde le comparte su sabiduría a la nueva estrella del piano. Cada una de estas estrellas, si son inteligentes y amantes de la música, saben del poco calibre que Baremboim tiene como músico y más aún, como pianista, pero se ven obligados por contrato, a rebajar su arte y compartir su espacio con un fantoche insufrible como lo es este tipejo. La vacilante llamita de Baremboim, debe verse alimentado junto al fulgor deslumbrante de estrellas de la música como Dupré, Vengerov o más recientemente, el afamado y nervioso pianista chino Lang Lang. Como verán este señor de apellido incierto y ciertamente débil, Baremboim, es definible fácilmente: Simplemente despreciable.

Como se puede ir viendo en este breve retrato que hago sobre este individuo, la acción que tuve a bien hacer, que considero una claro ejemplo de un verdadero acto moral, y por la que mereceria una estatua, es la misma por la que he sido encarcelado. La decadencia del mundo se evidencia de sobra tras observar la saña con la que soy atacado, y la incomprensión general ante un acto que debería ser considerado como de evidente inspiración divina. Tal vez, -pero dejo eso a la posteridad y a mis biógrafos- deba mi nombre ser inscrito en la lista de los profetas apedreados. Pero ya lo dijo San Vladimir Horowitz:The World is Wrong.

Para cuando llegó a mis manos el reportaje mencionado anteriormente, yo ya sabía de su gris carrera en principios de los 70 y de su extraño matrimonio con Jaqueline Dupré, asi que haciendo caso a una corazonada comencé a sospechar de él digamos, con más profesionalismo. He olvidado mencionar que Dupré murió tras pocos años de matrimonio con el argentino, víctima de una horrible enfermedad que le tenía paralizada. Recientemente ha salido una excelente biografia de Jaqueline Dupré realizada por diversos miembros de su familia, en donde se cuentan crueldades increibles de Baremboim para su entonces esposa. Mis sospechas -como verán- estaban siendo confirmadas por todas partes.En la revista, a pie de página de la última parte del reportaje, venia una dirección de correo electrónico, en donde podiamos mandarle mensajes al pianista. No desaproveché la oportunidad, y le escribí un extenso correo donde le preguntaba por qué no había hecho caso de las sugerencias de Arrau con respecto a las sonatas de Beethoven, puesto que había oido sus versiones de reciente grabación, y tenían todos los errores de interpretación y enfoque que el pianista chileno le había hecho ver en su adolescencia. También le transcribí un fragmento de una rara entrevista con Arrau, quien en ese entonces aún vivía, en donde el gran pianista se extrañaba que un pianista mediocre -Baremboim-tuviera foro en los reflectores internacionales. Hasta ahorita sigo esperando la respuesta. Lo unico que recibí fué un agradecimiento de parte de su secretario, un tipo de apellido Corro, si no recuerdo mal, cuya redacción dejaba ver claramente un absurdo tonito diplomático, típico de ciertas latitudes y de cierto tipo de oficinas, y un desconocimiento asboluto de los términos de mi E-mail. Esto no podía ser sino la señal del ángel del Señor. La guerra había comenzado.

Asi que me dedique en cuerpo y alma al piano para lograr un objetivo unico, para el cual todo lo demás eran solo medios hábiles. Me convertí en uno de los mejores pianistas jóvenes en México, sólo para poder obtener una beca para venir a perfeccionar mi técnica a Europa, donde podia dar caza a ese hombrecillo con mayor facilidad, pues su desdén le hace imposible visitar México. En Europa tendría muchas más posibilidades de hacer justicia, de convertirme en la mano del todopoderoso para comenzar a exterminar la iniquidad en este mundo, pues el juicio está cerca. Mi plan era simple y debo decir que lo ejecuté a la mayor brevedad posible, y con toda perfección. Lo que dicen los periódicos es cierto, una vez que lo herí con mi cuchillito de rambo que guardaba para esta ocasión, mientras el imbécil me recriminaba, tendido en el suelo, lloriqueando; yo le dí el sermón que habia soñado la noche anterior, y que Dios mismo me inspiró para abofetear con palabras sagradas la arrogancia y la vanidad de este innombrable y repugnante ser. Le dije que era uno de los instrumentos de la Bestia, le dije que ahora todo el mundo sabria que habia engañado a multitudes, que los había encantado con sus interpretaciones torcidas. Pero que hoy habia acabado todo. Los caminos del señor están siendo preparados, los nuevos profetas habiamos nacido y los reyezuelos de este mundo que afirmaban adorar a Dios -Blasfemos-, habian de ser fustigados por nuestras acciones, porque si, se acabaron los sermones antiguos, la nueva revelación consiste en acciones. Los símbolos son los de siempre, el cuchillo, la sangre, los gritos, el crepitar de las llamas para Baremboim y todas su mentiras.

Las victimas somos las de siempre, la carne sin mácula, digna de sacrificio. Aqui, desde la cárcel, se que habemos ciertas víctimas agradables al señor, nosotros los profetas, los que le amamos, los que amamos la Verdad, los que lo escuchamos, los que preparamos sus caminos...

Reuters. Madrid.- Daniel Baremboim, el pianista y director de orquesta cuya mano fue cercenada por un fanático meses atrás, fue nuevamente objeto de los reflectores, cuando en lo que fue una acción elogiada por varios dirigentes religiosos, como muestra de buena voluntad y ejemplo de perdón; hizo una visita de cortesía en la cárcel a su agresor, Antonio Blancón, quién se negó a recibirlo. No obstante esta situación, Baremboim se sacó fotos ante la prensa internacional reunida para el evento, y anunció la creación de una fundación para músicos discapacitados. A raíz de la pérdida de su mano derecha, las ventas de sus discos han batido todos los records de ventas y numerosos compositores le han dedicado nuevas piezas y conciertos para la mano izquierda sola, compuestos en honor del gran músico de origen argentino.

Los tribunales podrían ordenar el traslado de Blancón a una institución psiquiatrica pues según los reportes médicos, últimamente ha padecido una histeria teísta y religiosa, pues asegura ser un profeta enviado de Dios contra la inmoralidad y la hipocresía. Por el momento le han sido retirados sus instrumentos para escribir, pues según su psiquiatra, la doctora Gilda Montaner, escribía una seríe incoherente y torpe de textos en prosa que él llamaba, su"testamento".