Thursday, March 31, 2011

Heme aqui
sin saber cómo

en medio del tráfago
de la locura
veo
rostros
que se parecen entre ellos
igual que se parecen
los rostros de
los fantasmas
lo triste viene
con ellos
no es
necesario decirlo
y pienso que si todo
es tristeza
¿qué de malo hay en desear lo contrario?

los afanes contra el tráfago
se hacen reales en las miradas
de esos animales tibios
que somos
y todo esto
viene a cuento por una persona que miro
y saludo todos los días
un chofer de alguien
muy importante

este chofer tiene un nombre
de gesta
es grande
triste
manso
bueno
pasa horas con un rictus
de incredulidad
en el rostro

¿esto es mi vida?

sobrevive siendo amable

mirándose las uñas
teniendo amores
platónicos inconfesables
imagino que sería bonito
que algún día se fuera
en medio de explosiones
de gritos
desnudo y libre
y que se fuera al trópico a ser
pescador o artesano
a pasar sus días bajo una sombra contenta

y no aqui en este tráfago triste
comiéndose las uñas y preguntándose
si esto es
todo lo que

su vida es

Tuesday, March 22, 2011

Estuve en la selva
en un pueblo mágico
después de horas de manejar
en medio
de montañas
y de carretas de caña de azúcar

Fue como ir a Macondo
o a una de esas pinturas en verde y amarillo
llenas de mulatas y de loros

y en donde a lo lejos siempre puede verse
algún niño jugando

Tomé una foto y la compartí con todo el mundo
fue elogiada
fui envidiado

Sorbí con los ojos todas las garzas que pude abarcar

La foto que tomé era de una casita roja con arcos amarillos

detrás
podía verse una palmera
una mecedora y el cielo azul

la imagen perfecta del edén

y la calle empedrada
fue el colmo de la belleza

Compré un sombrero blanco
compré un café con leche
me cortó el peluquero del viejo poeta Virgilio
que me habló de inundaciones
del siglo pasado

y todo lo que me dijo fue una enseñanza
revestida de su quehacer
cotidiano

Quise encontrar
de nuevo y vivo
el mundo que era yo hace más de 20 años

y no pude

quise ver el mar por primera vez
de nuevo

y no pude

quise sentir el mar a mis pies
sentir con mi viejo corazón
y oir de nuevo a la eternidad
tan cerca de mi como para llorar con ella

pero en lugar de eso

encontré una momia
un lamento
un apocalípsis que no era mío

Lo curioso es que
ese fin del mundo
era hermoso

igual que la lluvia que oí caer
esa noche de luna
como pocas veces

llena
Hoy leí a un poeta verdadero
en la traducción de un amigo

Williams
dice
es un poeta con mayúsculas

no entendí mucho
no me pasmó ni me asombró lo leído
no fueron letras vivas para mi melancolía

hablaba de los cuadros de un pintor
creo que holandés
y el libro reproducía esas pinturas

lo único que pensé fue que eran pinturas hermosas
que decían algo de otro mundo
de otra época
y que no podia bien saber qué mundo ni qué época

pero en medio del caótico inicio de un día normal
esos cuadros
esas letras que no le dijeron nada a mi melancolía
(aún)
fueron sonidos tenues
frágiles casi invisibles
fugaces que me señalaron

caminos frescos

odas

el regreso posible
a los mundos perfectos que hay en ellos

Thursday, March 03, 2011

Últimamente no leo nada. Mirar mi pequeña biblioteca no me entusiasma. Hojeo, a veces, con ganas de encontrar un estremecimiento nuevo, libros que sé que son indispensables: Mann, Freud, Campbell. Nada sucede. Regreso invariablemente a lo conocido: Bolaño, Castaneda, otra vez Bolaño, Pitol, Borges...

Tengo casi un año y medio de no escribir nada aqui. Mi vida ha cambiado radicalmente. Mi amigo D me dice que tarde o temprano daré de nuevo uno de esos bandazos que acostumbro. A veces quisiera creerle, quisiera desearlo. Mi relación con el arte, con la escritura, con las letras y la música es cada vez más raquítica. Fantaseo con un viaje largo, otra vez. Pero ya me sé esos viajes, me deprimo, extraño mi casa, mi familia, mis lugares de costumbre. Aún así quiero uno. Un viaje largo, de preferencia en barco, a un lugar remoto. Vivir la inmensidad, la lejanía, lo inabarcable.

Tengo un amigo, P, que a su vez tiene otro amigo que también es mi amigo, M, que podrían hacer posible ese sueño. Conocen a alguien que podría meterme a trabajar a un barco mercante de la marina mexicana. Acapulco, Mazatlán, San Francisco, Hawai, Japón. Ellos lo hicieron, en su adolescencia. Yo estoy por cumplir 35 años. ¿Será válido?. Cuando tenía 18 escuchaba la frase del tango: "Que veinte años no es nada"...Han pasado casi 20 años. Mi imagen de mi mismo ha cambiado radicalmente. Y creo que para mal.

En esos tiempos fantaseaba con llegar, en una noche clara de invierno, después de 20 años de ausencia, a mi verdadero centro, al lugar de donde nunca debí haber salido. Imaginaba el frio, la soledad, el desamparo como mi equipaje de vuelta. Imaginaba la tristeza de mi familia de ver llegar a un desconocido. Ajado, flaco, sucio, triste. Esa era la imagen de mi mismo a, mi regreso. ¿Y detrás de mi? Mil ciudades, muchas lenguas, sabores increibles, animales desconocidos. Todas las mujeres del mundo.

Y la tristeza. Veo ahora, acepto ahora con claridad, que para mi el mundo ha sido siempre un lugar triste. Mis encuentros con el amor real, sucedieron gracias a la energía propia de la juventud y no a una disposición de ánimo fundamental. No es que ahora tenga seco el corazón, es que siempre lo he tenido.

Pero los viajes largos me hacen pensar que es posible reinventarme, evadir mi destino, ser otro.

Recuerdo algo: Una vez fui a Marruecos con unos amigos. Fue un viaje largo, de casi 15 dias. A mitad del viaje rentamos un auto y viajamos al sur. Una maravilla. Montañas vivas, valles de ensueño. Uno de esos días, a mitad de un viaje de horas entre montañas desérticas, se abrió a nuestra mirada un espectáculo increible: Un oasis inmenso. Un valle enorme y verde. Millones de palmeras formaban una franja entre dos macizos montañosos. La visión era magnífica. Ninguna descripción, fotografía o video podría nunca honrar semejante portento. Nos detuvimos, bajamos del coche, tuvimos la inteligencia y la sensibilidad suficiente para guardar silencio y estar de pie y en silencio al borde de una cañada contemplando esa maravilla inolvidable. La sensación de estar en un lugar remoto fue indescriptible; como lo fue pasar la noche en el desierto del sahara, o como lo fue atravesar los Atlas y detenernos en lo más alto de la cordillera a hacer la comida del fin de la jornada en el mes de Ramadán: Té de menta con dos terrones inmensos de azúcar, sopa caliente, brochetas de cordero.

Algún santón asceta daba gracias al verdadero Dios por la creación de la vida y del universo.