Estuve en la selva
en un pueblo mágico
después de horas de manejar
en medio
de montañas
y de carretas de caña de azúcar
Fue como ir a Macondo
o a una de esas pinturas en verde y amarillo
llenas de mulatas y de loros
y en donde a lo lejos siempre puede verse
algún niño jugando
Tomé una foto y la compartí con todo el mundo
fue elogiada
fui envidiado
Sorbí con los ojos todas las garzas que pude abarcar
La foto que tomé era de una casita roja con arcos amarillos
detrás
podía verse una palmera
una mecedora y el cielo azul
la imagen perfecta del edén
y la calle empedrada
fue el colmo de la belleza
Compré un sombrero blanco
compré un café con leche
me cortó el peluquero del viejo poeta Virgilio
que me habló de inundaciones
del siglo pasado
y todo lo que me dijo fue una enseñanza
revestida de su quehacer
cotidiano
Quise encontrar
de nuevo y vivo
el mundo que era yo hace más de 20 años
y no pude
quise ver el mar por primera vez
de nuevo
y no pude
quise sentir el mar a mis pies
sentir con mi viejo corazón
y oir de nuevo a la eternidad
tan cerca de mi como para llorar con ella
pero en lugar de eso
encontré una momia
un lamento
un apocalípsis que no era mío
Lo curioso es que
ese fin del mundo
era hermoso
igual que la lluvia que oí caer
esa noche de luna
como pocas veces
llena
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