Wednesday, May 23, 2007

Autopistas que te llevan lejísimos.

I.- Siempre nos queda la prostitución como recurso, el pacto con el diablo y claro, para los de menos imaginación, el suicidio...

Ella nunca entendía mis chistes. Mi amor, le decía, nuestro amor es absurdo, y le daba un beso en sus labios semiabiertos. No respondía, seguía sumida en su montaña de libros mientras yo escribía mis cuentos, sentado a su lado, fiel y radiante, nervioso y enamorado. En eso me hablaba y me decía tengo sed y yo, aborregado le llenaba su botellita de agua y cuando se la ofrecía le decía ten, pero bésame mucho. Ella se reía halagada y fastidiada, me apretaba fuerte entre sus piernas, me besaba, me botaba y entonces su respuesta era: ¿qué decías? y yo contestaba: no, nada. Luego jugueteaba con sus gafas extrañas, negrísimas y se peinaba sus trenzas y cuando de pronto se sabía observada yo le decía me descubriste, le tomaba la cintura y le repetía al oído muchas veces su nombre, ansioso, feliz, desesperado y ella, inmóvil apenas respondía ¿No te cansas? ¿de qué? ¿de quererme tanto? y yo: A veces, pero me aguanto.

II.- Me despertaba de pronto a media noche, asi como en las películas. O más bien en la madrugada, pero angustiado. Hacía frío pero mi primera sensación al respirar era la de estar tragándome un miasma poroso. Así, a veces en ese insomnio lloraba y cuando me calmaba me quedaba muy quieto, acurrucado, viendo muy interesado esos motivos mios del llanto. Y los veía crecer en lo oscuro, se reproducían, se entristecían y al final se volvían locos: Veía una acera ya muy lejana ahora, gris, medianamente sucia, como todas. Veía a un hombre torpe que tiraba sobre ella todo un bote de pintura. Eso es la angustía, ese es el hogar de mi angustia, su olor y su textura. Esa mancha blanca llena perfectamente mi eternidad. Cosas como ésta se averiguan en algunas noches. Esa mancha sigue creciendo y derramándose por ahí y en noches como esas me da alcance. Yo la siento espesa y fría; y en un fragmento del sueño llamo Verdad a esa acera, a ese hombre torpe y a esa mancha que vienen a verme desde muy lejos.

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