Ella escribe cuentos, pero últimamente no se ha sentido inspirada. Vive entre libros, en una libreria universitaria. Posiblemente esta cercanía a los libros sea la causante de su silencio, de la inmovilidad de su pluma. Había publicado algunos cuentos años atrás, cuando prácticamente era una niña. Los recuerdo bien, eran cuentos cortos. Una vez escuché a un escritor definirlos como de tono onírico, y desde entonces esa palabra me gusta para ella y también para sus cuentos. Son en efecto, oníricos.
Tiene ojos grandes, muy dulces, labios delgados. Cuando uno la mira a través del ventanal de la libreria, es como si la mirara uno desde un tiempo remoto, o más bien, como desde un sueño. Incluso su voz no hace sino corroborar esta impresión. Habla como si estuviera muy lejos, como si esa voz atravesara muchas historias para llegar hasta uno. Tiene las manos pequeñas y calientes.
Le gusta sacar fotos. Este es un gusto reciente, no la conocí asi. Se va por ahi, cada que puede, cada que le dan ganas, a los pueblos, a las vias del tren, de esos trenes que ya nunca pasan. Se va a las ruinas y a los caminos de terracería. A veces, en secreto, se saca fotos ella misma, las revela y luego las destruye. Una vez, en una iglesia pequeña, un hombre del lugar que tenía facha de curandero le preguntó el por qué de esos ojos tristes: -Estoy esperando una llamada- le dijo. Y le tomo una foto al viejo, pero la foto se veló inexplicablemente.
Alimenta hobbies secretos, un poco clandestinos. No va por alli diciendo estos son mis hobbies, o como muchos otros, esta es mi vida. No. Y no sé realmente si lo hace por timidez o por desdén. Creo que ella no lo sabe tampoco. Le gusta hablar con su perro, un perro viejo y pequeño, que es como un tio viejo y pequeño. Le habla de su vida y de lo que le gustaría hacer. Le habla del mar, y no le llama mar, sino la mar océano. Ella asegura que con esa palabra el perro se rie mucho. Yo le creo.
Le gusta caminar por calles que no conoce, y si alguien camina junto a ella en ese momento, le gusta decir que esa calle no la habia pisado nunca. Le gusta mucho leer, le gustan los libros en donde se habla de muchos años lloviendo, y de libros en donde se habla de que un hombre y una mujer se toman de la mano mientras duermen y que ella lo aprieta tanto que lo despierta, y entonces él la abraza porque ella despierta llorando. Le gustan los libros en donde se habla de loros, y le gustan las personas a las que les gustan los loros. Loros bucaneros, de preferencia. Le gustan los libros que hablan de rios viejos, grandes y navegables, donde haya una pareja de viejitos peleandose y conociéndose todavía, y en donde el hombre se sobresalte al sentir la mano de la mujer buscando la suya y que entonces diga: Que raras son las mujeres.
Le gusta comer, y le gusta ser feliz, pero también le gusta estar triste.
Una noche, hace poco, tuvo un sueño: Una mano le daba una hoja de papel con algo escrito, era de noche y la silueta de la mano y de la hoja se distinguían en lo oscuro. Cuando despertó no recordaba que mensaje tenía la hoja.
Esa mañana mientras estaba en la libreria sonó el telefono.
Pero ya no fue capaz, al contestar, de abandonar su nostalgia.
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