Me orillo
a la andadura descalza
de los dioses podridos
me demoro
me fascino
en sus muecas inasibles
estigmas purulentos
de sublime tedio
la tarde es pródiga en afanes
de remota índole
incómoda hechura
que va y pierde
en algún sitio
las sonrisas del mundo
mis miradas me abandonan
caen de mis manos
a las pesadillas
y en alarido alli
hordas de carne incontenible
se agitan de gozo
ante tanta y tan clara
luminosísima
amargura
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