Calmas
las voces puras del aire
se mecen
cuelgan
se abisman en bandadas
de arrullos
tímidos
deben
oler
desde antes de todo
peligros
honduras
asaltos de puntas
cuchillos malsanos
esquivar
las gotas del ácido
letras del tiempo
que se dibujan
en el agua que cae
en un sólo y magnífico
grito
desde su origen
caída
al desprecio
a las miradas volteadas
a espaldas donde se apresura
a morder
enorme boca
que se agiganta
de pesadilla esa fauce
agónico hedor
para el que nacieron
los malditos
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