Esa noche ella era la gracia
con zapatitos casi de estambre
cabello corto
monjil
delgadísimo
supe que algo irremediable le había sucedido a mi destino
No hablé con ella en toda la noche
Hubo risas
cigarros
vinos
el laberinto del lenguaje anclado en nuestro existir
y nosotros convertidos en bandada
en rostros que aqui y allá
emergen de vez en cuando
pero que en gozo
se hunden de nuevo
encarnados en un gesto
en palabras
nuevas
vibrantes
que al vuelo reclaman de inmediato
su libertad
el olvido
nuestro olvido
y ella
gentilísima
dueña de la calma
risa que contagia
con el habla a su servicio
gestos inmarcesibles
que soltaba y dejaba volar
hacia mi
me tuvo para siempre
me tiene ahora mismo
atado
más allá de las nimiedades
del acaecer real
a su rostro en que adivino
toda una vida ya extinta
velada y dolorosa
asi inicio yo mis fecundos abismos
y me ha pasado ya tantas veces
que la noche de anoche me alcanza
para saber
que entre nosotros habrá
larga y sinuosa historia
de encuentros y laberintos
de tardes en que nos preguntaremos
juntos o separados
no importa
cómo fué que vinimos a dar
desde tan lejos
a los mismos días y lugares
enmudecí anoche
no le hablé
no le resistí la mirada
y con todo eso
supe que brotaba
de nuevo
ese vago animal
presencia montruo hembra
virgen fecundísima
que me devora
que me toma y me lleva lejos de mi mismo
que me despedaza
araña arroja
y que al final me esparce en sitio nunca visto
es decir
que me hace siempre
resucitar
No comments:
Post a Comment