El Clarinete de Allen
Lo recuerdo vagamente, yo era apenas un niño, pero dado que pasé mi infancia frente al televisor no pude no ser parte del revuelo que este juicio tuvo en practicamente la totalidad del mundo. Al principio la gente en la calle no daba crédito a lo que miraban en las portadas de los periódicos. Incluso las revistas de deportes le dieron la primera plana a este insólito caso. Luego vendrían peores, pero este fue el pionero.
Uno puede fácilmente creer en la existencia de una mano invisible que escogió a estos dos personajes como ejes del asunto, porque no pudieron ser más emblemáticos ni representativos. Hoy en día no obstante, la teoria de la conspiración está comprobada, y sus lideres aseguran que no tuvieron nada que ver en el caso, pero que por supuesto agradecen mucho que las cosas se hayan desarrollado asi. Sus intereses se vieron favorecidos y el resultado es el mundo actual.
Pocos años después del juicio la crítica recordaría el asunto como un culmen en la cultura de la simulación y el adelgazamiento de valores. Hoy se pronuncia con claridad en otro sentido. No fue un culmen, sino tan solo la inauguración de la nueva barbarie. Eran dias de incertidumbre y el mundo occidental embelesado en los lujos de sus grandes magnates no adivinaron ni remotamente desde donde les vendría el golpe. Cuando al fin reaccionaron, ya solamente pudieron hacer el recuento de su irremediable pérdida.
El penúltimo Papa de la Iglesia Católica, Joseph Ratzinger, según consta en los registros del departamento de psicología del vaticano que recientemente han sido desclasificados por el gobierno y puestos a disposición de la opinión pública, tuvo un fuerte desajuste psiquico a raiz del desafortunado incidente con los árabes. Si se recuerda, el Papa dió una conferencia en una universidad alemana a mediados del 2006, en donde pronunció unas comprometedoras declaraciones en torno a la religión musulmana. No vale la pena recordar con detalle todo el revuelo que se armó, y que al final desembocaria en la conversión de Ratzinger al Islam, pero si hacer énfasis en que a Ratzinger se le quebró la subjetividad en medida considerable. Se volvió loco.
Una vez convertido y de confesión Chiíta, Ratzinger dió un importante apoyo al movimiento, y jugó durante los 30 años que le quedaban de vida, un rol fundamental en la exitosa islamización del degradado mundo occidental. La labor no ha concluido pero falta poco. Los últimos rebeldes se hallan acorralados en remotas localidades en América del sur, en la región de la extinta selva lacandona del antiguo Méjico.
Una de sus primeras acciones fue lograr hacer promulgar una ley en la legislación del Estado de Wyomyng, centro protestante del antiguo imperio, con posibilidad de aplicarse a nivel federal si la importancia o trascendencia del caso asi lo ameritaba; que permitiría sancionar con cárcel a todo aquel judío confeso o de raza que no asistiera regularmente a la sinagoga y se negara a aprender hebreo.Hoy vemos con claridad que su plan era diabólico y digno de sus grandes dotes de téologo. Quería actuar desde dentro del cuerpo del enemigo, como un virus que infecta de manera paulatina a todo el cuerpo.
Aunque esta ley y su inusual promotor fueron recibidas con asombro, la comunidad ortodoxa judia expresó su beneplácito al respecto, convencidos que la intención de Ratzinger no era otra que repoblar al mundo con hombres verdaderamente religiosos sin importar su confesión. Incluso se llego a hablar en los circulos progresistas, de la unión en una sola fé de las tres grandes religiones monoteístas. Se organizaron seminarios y grupos de práctica mixtos. Para muchos sacerdotes católicos fue el pretexto perfecto para legalizar su unión con sus esposas, o para inscribir legalmente ante las Secretarías de Estado su ancestral logia: La Liga del Cahos (Liga de católicos homosexuales).
Sin embargo no era evidente como lo es hoy, que con estas acciones, Ratzinger comenzaba a poner el primer engranaje de un nuevo y mejorado plan para exterminar al pueblo Judío. Vestido con la indumentaria àrabe y hablando un perfecto árabe perfeccionado en el desierto, nadie pudo adivinar con claridad en ese entonces, que su antiguo odio de raza a los judios no hacia más que aumentar en su interior dotándolo de fuerzas insospechadas hasta entonces. Él mismo declararía años después, que nunca se sintió tan vigoroso como entonces, y que recobraba sus fuerzas cada vez que oraba en dirección a la Meca, ahora si -aseguraba- al verdadero Dios. La sonrisa de sus 4 jovenes esposas de ese entonces, y de todo el harem que le sería asignado con posterioridad, ratifican sus declaraciones.
Ahora que se conocen todos los detalles de su plan, uno no puede más que sentir un estremecimiento ante la frialdad con que fue preparado y ejecutado, ante el cuidado y la minuciosidad con que fueron hechos los amarres y las alianzas que lo llevarian al éxito, y ante la elección más que precisa de su víctima: Woody Allen, el director de cine.
Todo comenzó para Allen justo en los momentos en los que al fin había obtenido cierta paz de espíritu. Poco antes de la presentación de la demanda ante un tribunal de la ciudad de Nueva york, -unica y sádica concesión que Ratzinger dió al director-, Allen había confesado su adherencia de décadas a la religión budista. Reveló hechos de un virtuosismo moral y de una disciplina tal, que provocó las reacciones más encontradas. No era nuevo para el público americano el comportamiento excéntrico de Allen. Incluso habian podido olvidar su matrimonio con la hija adoptiva de su anterior esposa, pero esto ya no podía ser más que una burla. No se podía de ninguna manera tolerar que Allen, un judio de Brooklin, que durante todos estos años había reiteradamente confesado su ateísmo, y que era considerado por la latoria como un cínico escéptico, resultara ser un prácticante budista de altos vuelos. Incluso su conocido Club de Admiradores Neuróticos (WANFC, por sus siglas en inglés, y con el cual el director habia llevado una larga y sana relación de paternalismo y guía), organizó una quema de sus películas en diversas plazas públicas. Argumentaban -decían entre indecentes lagrimones-, que los había dejado solos.
De hecho, Allen había anunciado en conferencia de prensa, que su próxima pelicula sería la última. Sería rodada en Londres, como habia venido siendo costumbre en su trabajo en los últimos años y después se retiraría a vivir en la parte este de la misma ciudad. -Ya no podía seguir engañando a la gente- dijo en varias entrevistas. -Mi visión de la vida había cambiado desde hace mucho, y tomé la decisión de dar a conocer mi simpatia por la práctica budista, a raíz de que fue encontrado en el bolsillo de un suicida, una nota en la que me daba las gracias por haberle hecho ver el sinsentido de la vida. No pensé nunca haber sido tan malinterpretado y no quise ser el causante de más casos de este tipo. Además, la madre del pobre chico me sigue mandando pasteles envenendados- concluyó Allen, a su más típico estilo.
Asi que tuvo que suspender el rodaje de esa última pelicula, y trasladarse a Nueva York para responder por los cargos en su contra. Para presentar la demanda, Ratzinger había contratado la firma de abogados que representaba a los estudios que producían la pelicula de Allen, la Metro Goldwin Meyer, anulando así la posibilidad de que esta enorme e influyente firma legal, se encargara de la defensa del director. La intención de Ratzinger era dar un escarmiento, poner un ejemplo, y nunca dejó cabo alguno suelto que pudiera impedir el logro de su propósito. Había llegado a ser Papa de la extinta iglesia católica no precisamente por ser descuidado o imbécil. De hecho, recientes teorías no creen en la "equivocación" de Ratzinger en sus declaraciones contra los musulmanes en 2006, aseguran en cambio que todo era parte del engranaje de un plan concertado y puesto en marcha desde décadas atrás. Estas teorías afirman que la faceta musulmana de Ratzinger data de fines de la decada de los 40, cuando impulsado por la revelación de los horrores de la guerra, y por un elevado sentido moral, había decidido convertirse al Islam, jurando -según afirma un biógrafo- hacer desparecer de la faz de la tierra, la influencia corrupta de la Iglesia Católica y el apoyo que ésta brindaba al inmoral sistema de explotación capitalista, a veces del lado de los liberales, a veces del lado del fascismo.
De este modo, Ratzinger, apenas empezada su labor pública como musulmán confeso, se encargaba de seguir despistando a sus detractores y de ir ganando simpatías.De un lado, la grey católica y el nuevo Papa,-un italiano que años después se cambiaría de sexo- vieron en el juicio promovido por Ratzinger, un verdadero triunfo para la Iglesia Católica, puesto que para nadie era un secreto su enemistad con los judíos, por más que se vivieran tiempos democráticos y de una tolerancia que no era más que una vaga y retorcida retórica que lo único que hacia era acumular mas odio. Asi que las poderosas sectas del catolicismo conservador, se apuntaron como propio este -llamado asi por ellos mismos- triunfo de la moralidad sobre el desenfreno, promovido y logrado por uno de sus hijos más bien entrenados.Por otro lado los musulmanes como es natural, se encogian de hombros, queriendo denotar que era más que obvio el hecho que alguien inteligente, humano y moral como Ratzinger, después de un acucioso exámen de conciencia, haya decidido abrazar la fé del profeta, y tratar de hacer posible con los medios a su alcance, una tierra y una humanidad de hombres verdaderos para el Dios verdadero.
Para ambos grupos era extremadamente benéfico el asunto, puesto que si bien ambos se adjudicaban parte del exito del escarmiento, si algo salía mal o la opinión pública se mostraba demasiado hostil, siempre podían desenfadarse del caso, los musulmanes aduciendo que a fin de cuentas Ratzinger no era más que un ex-católico, y los católicos aduciendo que había abandonado la verdadera fé, perdido la gracia divina y actuando en concordancia con la violenta y fundamentalista doctrina de Mahoma, -el edipo-, sentenciaban.
En octubre de 2012 el New York Times publicaba a ocho columnas la inusual noticia: Ratzinger demanda por ateísmo a Woody Allen. De inmediato se armaron programas especiales y grupos de discusión, se hicieron encuestas telefónicas y fueron entrevistados diversos lideres de las confesiones mas variadas. El día de la audiencia inicial y desde muy temprano el exterior de la sala de audiencias se llenó de manifestantes a favor de Allen asi como de sus detractores. Habia de todo en ambos mandos, y eran tan insistentes y decididos que las autoridades tuvieron que cerrar la circulación en esa calle de manera indefinida. A favor de Allen se encontraban grupos de estudiantes nerds, la asociación en pro de la pederastia consentida, la liga de ajedrecistas autistas, el sindicato de directores de cine ciegos y la recientemente creada asociación de filósofos judios nihilistas. En favor de Ratzinger sin embargo estaban grupos mucho mas grandes y poderosos, todos de rancio y antiguo abolengo: Por supuesto todo tipo de sectas conservadoras pertencientes a las instituciones religiosas, la ONG "Maimónides vive", clubs de admiradores de Ingmar Bergman, y un representante de la propia madre del director, muerta décadas atrás, cuyas funciones fueron creadas en su testamento previniendo un caso como éste. Al enterarse de esto, Allen se hizo vegetariano.
Allen no dió ninguna entrevista durante todo el tiempo que duró el proceso, y las unicas fotos que se pudieron tomar de él fueron aquellas logradas en sus arribos y salidas a la sala de audiencias. Asi que solamente hasta que comenzó a purgar su condena, el público supo que la mujer de la que se hacia acompañar no era su abogada sino su nueva esposa. Se le veía demacrado, en verdad preocupado. Al parecer había comenzado a sospechar que el asunto iba en serio. En esa semana se vendieron más copias de "Deconstructing Harry" que en todo el tiempo transcurrido desde su aparición. Allen inició su defensa pidiendo el uso de la palabra, en lo que fue considerado a primera vista como el primero de tantos errores que cometería dentro del proceso. (El encargado de la ejecución y recibidor de las últimas y tenues palabras de Allen, aseguró siempre que el director le había dicho casi al oido que todos sus errores fueron a propósito. Se sabía perdido desde el principio, asi que su excéntrico y descuidado comportamiento y defensa fueron para él un intento de servir de ejemplo para quien pudiera o quisiera tomarlo) Tanto el jurado como el Juez esperaban oirlo decir algo asi como que se sentia dentro de una novela de kafka, o echar una perorata acerca de la hipócrita sociedad moralista que se estaba pudriendo por todas partes; pero en lugar de eso, comenzó a entonar mantras y a cantar el sutra del corazón. La defensa lo obligó a bajar del estrado cuando se disponía a tocar con su clarinete una melanólica tonada que había aprendido de un anónimo jazzista en Praga, en la década de los 80. Desde ese momento perdió definitivamente el apoyo de los poderosos judios productores de Hollywood, que hubieran podido ayudarle durante el proceso, o al menos mantener a raya a la prensa sensacionalista.
La estrategia de Ratzinger en cambio, fue presentada con la impecabilidad de un razonamiento tomista. El fiscal -luego se sabría que fue elegido por Ratzinger, y de hecho, entrenado para la ocasión, actuando anteriormente para diversos capos del narco y para sacerdotes mexicanos, siempre guiado por la sapiencial mirada del teólogo alemán-presentó las acusaciónes con claridad y rigor, llevando el asunto más allá de su simple fundamentación legal, revistiéndolo de tintes milenaristas. Le bastaron 35 minutos de discurso para convencer al jurado, al juez y a la opinión pública, que un buen escarmiento dado a Woody Allen, como representante de la inmoralidad rampante en el mundo, enmendaría el camino equivocado que la humanidad estaba tomando, y sentaría las bases para el buen actuar de futuras generaciones.
Pese a lo esperado, y debido a la errática defensa de Allen, que en un gran porcentaje asumió él mismo, el juicio duró poco tiempo. Era incomprensible para algunos juristas, que en un caso tan importante como este, que según ellos tenía posibilidades de sentar un precedente importante, Allen se hubiera visto tan torpe (la hipótesis de la intencionalidad ha sido ya mencionada, y a un servidor le parece la respuesta más lógica). Todos los grupos manifestados afuera de la sala del juicio se sintieron ofendidos cuando a las citas de leyes y jurisprudencias en su contra, Allen decía que queria tocar su clarinete. Y se sintieron aún más ofendidos cuando un furioso Ratzinger espetó al director con un alud de citas vetero y neotestamentarias, talmúdicas y coránicas; recibiendo por toda respuesta de parte de Allen un sendo y estruendoso pedo.
La ejecución del director ocurrió tan sólo ocho meses después, tras fracasar la iniciativa de lograr el indulto impulsada por una unión fugaz de pequeñas salas de cine parisinas. El recientemente presidente electo de los Estados Unidos, el republicano Michael Morales admitió una vez concluido el sepelio, que nunca había visto una pelicula del finado Woody.La última nota de su diario en la cárcel dice asi:
"Sólo lamento no haber concluido mi último y más original proyecto, que consistía en vivir un minimo de un mes en cada una de las 25 ciudades más importantes de los cinco continentes, con el único objetivo de decir con toda certeza en dónde viven las mujeres más hermosas del mundo"
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