El barrio en donde vivo, en Barcelona, es una telaraña de calles nombradas en honor a santos y filósofos de variado cuño y virtud. No me pareció casualidad que justo al llegar a una nueva etapa en mi vida, mis 33 años, comenzara a vivir en una calle titulada en honor del emperador Marco Aurelio, emperador romano de origen hispano, que además de filósofo y uno de los cinco emperadores "buenos", tiene entre muchas otras cosas dignas de mención, el haber enviado delegaciones a la lejana China. En los anales de la dinastia Han, se conserva el nombre del emperado de Roma "An Tun", pues su nombre completo de emperador era Marco Aurelio Antonino.
No obstante este tierno y buen presagio, en mi barrio se ven también cosas lamentables, o al menos de una curiosidad lindante con lo bizarro. La otra vez sin ir más lejos, yendo por la calle Sant Elíes rumbo a la calle Balmes, me topé con un individuo enfundado en una gabardina negra que al parecer era presa de una furia homicida o psicópata, pues gritaba a todo pulmón, espantando a palomas y viejitas por igual, que él no era hijo de Dios, sino hijo de una prostituta."Y del diablo", decía después de una histriónica pausa. Alcancé a oír a dos ancianitos recién salidos de misa que en efecto, era al infierno a donde ese pobre diablo tendría que ir. Lo cierto es que el tipo estaba loco.
Pero tal vez era asi como sus contemporáneos verían a San Elias, profeta del antiguo testamento que pregonó en contra de los malos gobernantes, denunciando despojos y resucitando niños. El apocalípsis de Elías, un libro apócrifo mencionado en las listas del Stichometrical y en escrituras eclesiásticas antiguas, y que fue usado por sectas del desierto para justificar su vida de penitencia, lo coloca luchando contra la corrupción del mundo al lado de Enoc. La asociación no es casual. Ambos personajes son los únicos en el Antiguo Testamento en desaparecer aún más misteriosamente que como aparecieron, al ser arrebatados a cielo en cuerpo y alma, "por que no debían probar muerte". Ambos tuvieron los favores y la conexión directa con el Altísimo, discipulos notables, leyendas varias y un gran prestigio que se disputan por igual judios, cristianos y musulmanes. Se venera todavía hoy como sagrado, el lugar donde tuvo lugar su victoria sobre los sacerdotes de Baal. En este singular episodio, los holocaustos preparados en honor del dios Cananeo no lograron encenderse, mientras el preparado en honor de Yavé fue consumido por una lengua de fuego venida desde el cielo. En todo caso, los eruditos cristianos concuerdan en que los "dos testigos" mencionados en el Apocalipsis de Juan, son Enoc y Elías, quienes darán su vida en testimonio de la corrupción del mundo, justo antes de la nueva venida de Cristo.
¿Qué es lo que sugiere la asociación entre un santón judío con conciencia social en el siglo IX a. C. y un emperador hispano de la antigua Roma? Estoicismo y fanatismo, erudición y ascetismo, la sapiencia y la sutileza encontrados frente a frente con la intolerancia y la lengua flamígera. Las respuestas pueden muy bien servir para contruir un sin fin de vaguedades. Y si analizamos el mapa del barrio con mayor detenimiento, las cosas, lejos de aclararse, nos impulsan a sospechar que la noción de un universo regular y sujeto a leyes invariables, no es más que el balbuceo de una humanidad perpetuamente en pañales.
Justo en la intersección de Marco Aurelio con San Elías hay un tercer vector, un hecho frontalmente geométrico: La calle Descartes. Todo parece indicar que la teoría sobre un conspirador universal, un demiurgo travieso y huidizo no es del todo descabellada. Pese a lo banal que en principio pueda parecer este simple dato, un segundo análisis, esta vez con lupa y sobre todo, de cuerpo presente, caminando con nuestros propios pies la zona en cuestión, podrá darnos más luces en nuestro estudio. Calles aledañas a la zona que hemos descrito son, por ejemplo, calle Guillermo Tell, calle Platón, calle Muntaner, calle san Guillermo, calle Copérnico, calle san Hermenegildo, calle de Juan Sebastián Bach y calle de san Gregorio taumaturgo.
Las teorías y las asociaciones se multiplican. Ramón Muntaner y Guillermo Tell son convergentes y divergentes al mismo tiempo. ¿Maniobra de despiste? Ambos fueron patriotas, el primero de origen catalán y el segundo de origen suizo. Ahora bien, Suiza es una nación independiente y a la que nadie molesta desde hace ya mucho tiempo. Cataluña en cambio, sigue hasta la fecha tratando de encontrar rutas posibles hacia su independencia. Es bien sabido a estas alturas que el trazado de las calles de ciertas ciudadades, lejos de haber obedecido al sentido común o al urbanismo, lo hizo más bien a la magia, a la superstición y en el mejor de los casos a la revolución. También es cosa sabida que Cataluña dio al mundo a los primeros cabalistas puros, como Isaac el ciego, prodigioso lector, y Raimundo Lulio. Si se pone atención al mapa del barrio se podría trazar con algo de imaginación una estrella de David que tiene como centro invisible a la parroquia de san Gregorio Taumaturgo. A lo menos, los elementos hasta ahora descritos son inquietantes. La calle Muntaner es perpendicular a la calle de Guillermo Tell. ¿Designa este trazado algún sello impuesto por los herederos cabalistas de Isaac el Ciego, o de Abraham Abulafia?. No queda claro si el hecho de que no corran en la misma dirección signifique que la independencia de Cataluña sea del todo y para siempre, imposible. Es digno de mención que la corriente cabalística de Abulafia, más extática que taumatúrgica, fue expulsada de España, teniendo que florecer en tierras Italianas.
Siguiendo este mismo criterio podriamos proponer una esencia musical labrada en el destino catalán, puesto que la calle de Juan Sebastian Bach parte de la parroquia de san Gregorio Taumaturgo. ¿Milagros musicales? A san Gregorio le apodaban el taumaturgo precisamente por su capacidad de hacer milagros en el nombre de Dios. De Bach podríamos decir algo semejante. Alguna vez un biólogo famoso, premio Nobel, al ser cuestionado acerca de lo que enviaría en el Voyager para dar a conocer los logros de la humanidad a una posible inteligencia alienígena, respondió que enviaría la obra completa de Juan Sebastian Bach. Pero eso sería presumir, corrigió con humildad. En cualquier caso Cataluña ha sido cuna de músicos prodigiosos. Sin embargo, esta teoría sublimada se tambalea cuando reparamos en el siniestro hecho que una de las calles que se encuentra por encima de todas es la de Platón, conocido en los círculos de eruditos sobre todo por su odio visceral a la poesía. No cabe esperar que mirara con simpatía tampoco a los pitagóricos y por tanto tampoco a la música y mucho menos a Bach. La situación se atempera, sin embargo, cuando se recuerda que todo gnosticismo y por ello, parte de las escuelas cabalísticas, parten de Platón y del neoplatonismo. Además, un franco suspiro de alivio se abre paso al mirar un poco más arriba y hacerse evidente que Plátón se encuentra acorralado entre dos bastiones de la modernidad, Copérnico y Descartes. Pero la calle Descartes se transforma en la calle san Elías. ¿Es esto la venganza de Dios? ¿Predice esta nomenclatura callejera el fin de la modernidad y de la postmodernidad, el retorno de los dioses y el triunfo de la visión sacralizada del mundo; o peor aún, un apocalipsis inminente? Aunado a esto, es evidente que la calle Platón termina abruptamente en la calle Marco Aurelio. El realismo frente al idealismo. Cataluña debe tomar por la fuerza su independencia, basada en los principios y proclamas del estoicismo, parecen decirnos estas aceras.
¿Y qué lugar tiene san Guillermo en todo esto? Ni en los mapas disponibles en la Biblioteca de Cataluña ni en la calle misma se específica a qué santo se refiere. Las posibilidades reales se reducen a dos, y tomándolas en su conjunto, son tal vez la mejor forma en que se revele la pista que indican en toda su obviedad. Guillermo de Aquitania es venerado sobre todo como un soldado de Dios en contra de la invasión árabe. Aliado con Carlomagno fue figura principal en detener la ofensiva árabe en Francia, ayudando luego a expulsarlos también de tierras catalanas. Por otra parte, San Guillermo prior, monje humildísimo, no fué tan importante políticamente hablando, pero fue dotado por Dios con una mano milagrosa que todavía hoy se puede venerar en un remoto monasterio italiano. Seguimos pues con señales claras: una mano milagrosa y un santo que recuperó Cataluña para la cristiandad son claramente datos incendiarios. ¿Reside en el barrio de sant Gervasi la prueba cabalística del destino catalán? ¿Profecía fallida? ¿Rito propiciatorio que surtirá efectos una vez al descubierto?
Al parecer el elemento aglutinante en todo este mosaico de sugerencias cabalísticas lo da san Hermenegildo, rey visigodo educado en el arrianismo pero convertido al catolicismo y perseguido y decapitado por ello. Una vez más una muestra de terquedad o de principios que traen consigo actos límites. Se nota detrás de todo esto cada vez más claramente la mano de Isaac el ciego. Si alguna virtud cultivaban por igual cabalistas y alquimistas provenzales era la virtud de la paciencia; por ello, podremos retomar este trazado urbano y la visión de un san Elías denostado por dos ancianos, blasfemo y harapiento, loco y santo a la vez, retomando por igual todos los puntos anteriores y reorganizándolos de una manera medianamente inteligible:
1.- San Elías, reencarnado en estos tiempos en la forma de un loco harapiento, se encuentra en búsqueda de su par, el profeta Enoc; blasfema por una cierta calle de Barcelona, la calle San Elías, pero lo hace en dirección a la calle Platón. Su voz flamígera queda resguardada entre el mundo de las Ideas y el odio hacia los poetas del platonismo clásico, desembocando por la vía gnóstica en el cabalismo de Isaac el Ciego, quien aseguraba ser el depositario de la revelación de los nombres sublimes que habría iniciado en tiempos legendarios el mismo profeta Elías. ¿No es esto toparse con La Historia, asi, con mayúsculas, que justo antes de finalizar su andar, de cumplir su destino, se pierde a si misma?
2.- Cabe suponer que la misión de los dos testigos cuyo martirio menciona el Apocalipsis, es decir, la misión de Enoc y Elias se ha visto truncada de algún modo. Por eso, en una clara subversión, nunca mejor llamada blasfemia, Elias se hace llamar hijo de una prostituta y del diablo, con el único y manifiesto objeto de que Enoc sienta este desajuste energético y sepa por donde comenzar a buscarlo. Cuando Enoc interprete bien las blasfemias proferidas, emitirá una fuerza que también será perceptible para Elías, de modo que en algún momento se topen de frente en alguna calle. Ninguno de los dos sabe en dónde se encuentra el otro, y su unión es necesaria para que la profecia se cumpla pues deberán ser lapidados estando juntos. Por un hecho desconocido y siniestro, este plan divinamente anunciado ha salido mal y está a punto de no cumplirse. Esta es la razón que justifica un hecho blasfemo por parte de un santo.
3.- La independencia de Cataluña, la mención a Guillermo Tell y a Muntaner, los milagros de san Gregorio taumauturgo, las señales divinas en san Guillermo prior y la fidelidad a Dios de san Hermenegildo son variadas llamadas de atención a la necesidad de permanecer fieles para el logro del fin divino y el cumplimiento de lo que está escrito. La referencia a los cabalistas sirve para poner énfasis en lo delicado y lo importante de la misión. La mención de Descartes y Copérnico simbolizan una poderosa duda al servicio de una verdad incontrovertible y claro, no heliocéntrica, sino Teocéntrica.
4.- Juan Sebastian Bach es un regalo.
5.- El fin de los tiempos es inminente.
6.- Moshe Idel, en una virtuosa interpretación de textos provenzales medievales, ha llegado a sugerir que en efecto, una posible misión última de los dos testigos pudiera ser fallida antes del fin de los tiempos, y que todo ello se debería al hecho fortuito de que uno de ambos -Enoc, de seguro-, habría perdido la memoria como consecuencia de una piedra caida en su cabeza tirada desde lo alto por un pájaro negro -el diablo en persona-. Siendo asi, cabría suponer en contra de todas las posibilidades, que es posible que Enoc y Elías se toparan de frente en alguna calle cualquiera, en este mundo y en estos tiempos, el uno buscando al otro, y el otro sin recordar quién era, nada de su misión, ni tampoco que estaba siendo buscado por el tipo harapiento y blasfemo que tendría enfrente. Elías moriría tal vez en una casa de acogida, muy anciano y muy loco, olvidado ya de las causas de sus blasfemias y yendo al infierno una vez muerto. La amnesia de Enoc le permitirían a lo sumo, escribir algo relacionado con el tema, sin saber de si mismo su verdadero nombre y destino.
7.- El texto de Enoc sería leído con extrañeza y desechado por inverosímil por algunos despistados lectores.
Esto último pudiera ser sólo una especulación.
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