Los Dioses de Salamanca
En el sueño aparece una cabaña en un bosque de eucaliptos. Yo presencio la escena pero como si fuera una pelicula, es decir, aunque estoy alli presente, sé que nadie me está viendo ni sospecha de mi presencia. Esta cabaña es de madera, hecha como si fuera una casita rústica de dos pisos. La madera es delgada, pero la cabaña parece ser resistente pese a estar inconclusa todavía. Un hombre que trabaja en ella es el dueño y parece estar contento con su trabajo. En eso veo a un enano, un hombre chaparro y moreno, vestido como visten muchos albañiles: pantalón de mezclilla y camisa blanca y sucia, con los botones del pecho sin abrochar y con la panza a punto de hacer saltar los botones de la parte inferior. De esos en la vida real he conocido a dos que tres. Una vez estando en una cantina de mala muerte, no sé por qué razones me había quedado sólo, y había entablado una conversación de borrachos con un tipo que no conocía pero que no parecía peligroso. En eso estábamos cuando entró al lugar un tipo asi como el del sueño, chaparro, moreno, con los pelos necios, camisa blanca, sin abotonar a la altura del pecho y con los botones a punto de saltar a la altura de la voluminosa panza. Apenas entró al lugar y éste se inundó con el olor penetrante de unas chalupas bien grasientas que llevaba a medio comer. Tuve ganas de vomitar. El señor con el que platicaba me dijo que aguas, que viera con cuidado a ese de las chalupas, que era un tipo malo, ladrón y asesino. Vive por aqui chico, asi que mas vale que no te cruces en su camino. Me fuí del lugar y nunca más volví a ver a ninguno de los dos.
En el sueño el tipo moreno, chaparro, pelos necios, con la camisa sin abotonar, se acerca al dueño y constructor de la casa de madera y le dice algo. No recuerdo si yo escucho con claridad lo que hablan o si simplemente sé de lo que hablan. El tipo chaparro y panzón le propone un cambio de casas. La casa del tipo panzón está aqui cerca, de hecho es casi visible desde donde yo estoy. desde lejos se ve una casa grande, pero yo siento angustía. Con horror veo, o siento, o oigo cómo el dueño de la casa, el hombre que todavía la está construyendo accede a su propuesta. En ese momento me doy cuenta que el panzón tiene una cara maligna, de hacer daño, de engañar, de aprovecharse de los demás. También veo que esta casa de madera tiene un riachuelo corriendo al pie de la entrada principal. Sé desde ese momento que fué un mal trato.
En lo siguiente que veo o que recuerdo del sueño, el clima, que hasta entonces había estado de tono primaveral en ese tupido bosque de eucaliptos se hace más borrascoso. Ya no es medio día o media tarde, ya es casi el crepúsculo, un atardecer ceniciento y susurrante. Me veo a mi como el nuevo dueño de esta casa que antes era del moreno chaparro, y veo que ya no hay diferencia entre él y yo, entre el tipo que había hecho un mal trato y yo. Nos acercamos a la casa, me acerco a la casa y siento que me obligo a mirar cosas bonitas donde no las hay. De hecho la casa está en ruinas. En su tiempo debió ser sin duda espectacular, una mansión señorial no de madera, sino de mármol. Pero ahora sólo queda su cascarón arruinado, enmohecido, oxidado. Me veo (lo veo), recogiendo del suelo pedazos de yeseria o de mármol pertenecientes a estatuas o fiorituras ahora rotas y esparcidas por el piso, entre el polvo y la basura. Me veo (lo veo), diciendo: ¡magnífico!. Lo oigo (me oigo), pensando ¡qué lujo!, ¡qué señorío!. Al fondo veo el nicho de la chimenea todavía lleno de hollín, pese a que se nota por el estado de este cascarón que un día fué una casa habitable que esa chimenea lleva mucho tiempo fría. Alzo la vista y entre las nubes muy negras y muy cargadas, pero que tienen todavía ese ligero resplandor que se cuela entre ellas y que las hace verse aún más tenebrosas, veo los restos de lo que fue un techo de zinc, como los de los edificios de París.
En ese momento todo cobra su sentido obvio. Veo que la casa está en ruinas, despedazándose, y no sólo eso, sino que mi vista comienza a fallar y comienzo a verlo todo como entre muchas lágrimas, o como si estuviera lloviendo. De repente toda la casa está sumida en las aguas, un gran lago que me llega hasta las rodillas. En lo que fue la gran sala central de la casa veo moverse en las aguas cenagosas cocodrilos, o seres con aspecto de cocodrilos. Veo salir de lo que fueron las habitaciones de la primera planta, por entre puertas derruidas y paredes deshechas, a seres de aspecto simiesco. Veo también sombras, fantasmas de monstruos, vagas nubes de aspecto humanoide que van y vienen caóticamente por entre los pasillos y habitaciones de esa casa que ahora comprendo, les pertenece desde hace mucho. Siento venir el pánico, siento venir ese grito más allá de la deseperación y sin embargo el pánico no llega. Decido no hacerlo llegar, veo claramente que es una respuesta aprendida ante ese tipo de espectáculos dantescos. Asi que me retiro del lugar dispuesto a destruirlo. De algún modo las criaturas que se mueven en el agua lo saben y yo sé que tratarán de impedirmelo. Tomo a una de ellas por la cola y veo que es un cocodrilo con cabeza humana y golpeo con él, usándolo como si fuera un látigo, a uno de sus hermanos y lo mato. Al fin llego a un cañon del ejército que apunta directamente a la casa. No recuerdo si lo hice, no recuerdo si dispare y si destruí esa casa en ruinas, con todos sus monstruos adentro.
Avanzo unos pasos y lo siguiente que veo es una tienda dentro de una casa similar a la casa de madera y alli dentro, el que atiende es mi propio padre, y es al mismo tiempo simplemente el señor que atiende esa tienda que visito por primera vez y al que digo que no se fie de ese tipo que a lo lejos vemos. Un tipo chaparro y panzón, moreno y con actitud de maleante. Que no se confíe de él puesto que es un ladrón. En ese momento el tipo viene a nosotros y yo le espeto mis reclamos cuando lo veo cerca. Es un fraude, es un fraude, le grito con violencia y él me dice yo no sé nada, cambiamos casa y eso es todo. El dueño de la tienda y yo nos retiramos del lugar, del bosque. Un camino solitario, una brecha de terracería parece llevarnos lejos de alli en lo que parece será una caminata de horas hasta el primer lugar poblado, seguramente un pequeño pueblo. Se hace de noche y no hay luna y no llevamos nada que nos proporcione ninguna fuente de luz. Oigo ruidos y me pongo nervioso. Me asusto. En eso oigo los ruidos muy cerca y muy fuertes y veo entre las sombras de una noche negrísima a varias siluetas asesinar a golpes a mi padre, al señor dueño de la tienda. Después veo al chaparro, con los ojos inyectados de sangre lanzarse sobre mi y tomarme del cuello. Huelo su fétido olor, veo sus ojos desquiciados, monstruosos. Sé que me matará y lo último que oigo de él es esto: "Somos los dioses de Salamanca".
Despierto horas después tirado en el mismo sitio. Una patrulla de policia está alli y el agente trata de reanimarme. Yo trato de contarle lo sucedido. Sé que todo es incomprensible y el sueño termina aqui.
No comments:
Post a Comment