1.- Una primera versión.
Hace tres semanas, en casa de mi amigo gabo, el filósofo, nos tiramos en sus sillones a reposar la comida mientras platicábamos de mujeres. Acababa de mudarse de piso, asi que la comida fue en ocasión de la inauguración de su nuevo hogar. Como buen español, se mostró espléndido con la comida: para picar, mariscos cuyos nombres no recuerdo, ensalada y de plato fuerte un guiso de pollo con curry que aprendió a cocinar durante su larga estancia en la India hace ya muchos años. En la sobremesa descubrí entre sus libros un fotografia de 30 centímetros de un exquisito perfil en blanco y negro que me dejó perplejo desde un primer momento, vaya, qué dulzura, todo un sueño plasmado en una imagen. Era un perfil que compelía sin la menor duda a cambiar la realidad por la fantasía. Es Alba, una amiga de hace muchos años, me dijo. Miré la foto con deleite, deteniéndome en los detalles. Estaba tomada de perfil, y sus grandes ojos sobresalían en armonia con su naricita de mango. Es mi tipo ideal de mujer, pensé para mis adentros. En esos momentos seguimos platicando pero de otras cosas, y al poco tiempo tuve que irme al recibir una inoportuna llamada.
El lunes pasado me hizo un comentario acerca de una mujer que recientemente vino a visitarlo, una amiga italiana y me dijo que hubiera estado bien que me la presentara, y asi como si nada, y realmente sin pensarlo, le dije que mejor me presentara a su amiga Alba. Después de pensarlo un momento, e ignorando que yo se lo había dicho más que nada en broma, me dijo que fuéramos este sábado a verla actuar -pues es actriz- al círculo de bellas artes, y que iba a decir que quería conocerla y le propondría que nos fueramos a tomar algo después de la función. Yo por supuesto acepté de inmediato, y nos vimos en el lugar una hora antes de la función, visitamos el edificio donde está el teatro,- una joya- y luego nos metimos al teatro discutiendo el libro "la sinagoga de los iconoclastas", de Rodolfo Wilcock, "uno de los más divertidos del siglo XX", en opinión de Roberto Bolaño, mi escritor favorito: Libro ameno y divertido, aunque tiene relatos de calidad muy desigual. Poco después comenzó la función, y cuando salió Alba de inmediato la reconocí. Ya luego ella nos dijo que como si fuera una aficionada, nos observaba tras las cortinas antes de la función, y observaba también a los demás: amigos, familiares, admiradores, críticos, amantes sinceros del teatro, etc. Gabo me había contado que sus padres le pusieron Alba por una doble razón: el concepto Hindú y la abeja. Dicen que de bebé era idéntica a la abeja maya, y eso es algo que uno se puede imaginar fácilmente, pues tiene unos rizos rubios hermosos que, siendo niña pudieron servir para la comparación, asi por la similitud fonética, le pusieron como le pusieron. La obra era una adaptación de Don Juan Tenorio, sólo que con el mensaje invertido, es decir, en esta obra, la inmoralidad está representada por los otros, menos por Don Juan, que es el único ser puro: "Estoy rodeado de demonios", dijo, refiriendose a las bajezas de que sus mujeres fueron capaces "por amor" a él. Lo mejor de todo -he de reconocerlo- fueron las danzas de Alba, quién salió desnuda salvo por un pequeño calzoncito color carne, a realizar todo tipo de evoluciones histriónicas por el escenario, ante el deleite de los machos y la envidia las hembras. De cuerpo frágil, semejante a una varita de nardo (los clichés existen y se revelan en todo su poder últimamente), piel blanquísima, pezoncitos rosados en senos como duraznos y dueña en general, de una anatomía exquisita, su cuerpo brillaba en un escenario a oscuras. Me hizo pensar que de vez en cuando Dios amanece de buenas.
Después de la función nos quedamos esperándola en el vestíbulo mientras el resto de los actores salian y saludaban y eran felicitados por amigos y familiares principalmente (dice Gabo que el teatro está en crisis desde un pequeño periodo de oro que tuvo en épocas de Sófocles, y un breve renacimiento en la españa del XVII). Al fin salió y yo me sentí como en esa película de Sophie Marceau del 93, titulada fan fan, pues la nena salió llevando consigo su bicicleta, con la cual va y viene en medio del caótico y peligroso tráfico madrileño. (De vez en cuando estos pensamientos me vienen a la mente, pensamientos como de estar viviendo un película europea de las épocas de mi adolescencia, pues recuerdo la sensación de novedad de estar en Madrid, ciudad hermosa, y de sentirse parte de algo ajeno si, pero hermoso. Tiende uno a acostumbrarse al prodigio y la maravilla, lamentablemente). Nos quedamos platicando un momento en el vestibulo, cruzamos unas primeras palabras entre los tres y me alivió, -pues estaba un poco nervioso-, comprobar que es alguien noble, abierta y amable. Cuando salimos a la calle comenzaron a pasar cosas extrañas. Primero que nada, de repente Alba se puso a platicar con alguien al que reconoció, un tal Octavio, creo, y mientras lo hacía Gabo y yo guardamos una prudente distancia. Bastaba una mirada para poder ver en ese tipo un cataclismo incontenible de amor por ella. Es su pretendiente, le dije a Gabo, pero el me dijo que no, que nada que ver, y yo le dije que no fuera ingenuo, que era obvio que si lo era. Por supuesto al final resultó que si, pero la palabra que ella utilizó no fue pretendiente, sino "acosador". Típicas cosas del amor. Y lo curioso fue que se le juntaron los admiradores, pues mientras platicaba con el tipo mencionado, un simpático teporocho español, con cara y aspecto de Vikingo recién llegado a América después de una larga travesía por alta mar, se puso a platicar con ellos, mejor dicho, se plantó frente a ellos, y se quedó viendo a Alba como un noble e inofensivo bruto, con la boca abierta. Supongo que lo que sentía era una mezcla de admiración, deseo, y maravilla ante tanta belleza, y creo, sobre todo estupor, pues lo único que acertaba a hacer después de contemplarla era reirse alegre y resignado a la vez. A Dios gracias que era inofensivo, pues de no haberlo sido, creo que apenas nos hubieramos bastado entre los tres para contenerlo, dado su aspecto y músculos de vikingo. Pobre Alba, tener que lidiar con dos hombres que la admiran, teniendo que ser amable con ambos, con el acosador, procurando no sucitarle un suicidio Wherteriano, y con el teporocho, no cediendo a la tentación de llamar a la policia. Para rematar, y después de que el acosador se fuera, no sin antes colmarla de regalitos, nos fuimos a un bar de Chueca, el barrio gay y nos metimos en un bar de título equívoco, llamado XXX. Y fue allí donde desplegó, como avatar de la amabilidad, y como influenciada a ello por la mirada compasiva de las diosas antiguas para con los sufridos seres vivientes, su absoluta belleza, su divina arquitectura, su voz tranquilizante y sus ojos alicinantes ante esta tierra rebosante de iniquidad. Los símiles para describir la experiencia no están al alcance de la mano. Lo único que se me ocurre como ejemplo es la reunión de suplicantes en torno a un lugar santo, y la repentina aparición ante ellos de una luz, de un frescor, de una presencia que si bien no se revela totalmente, aprovecha una tenue fisura en el mundo para poder acercarse a la humanidad y transformarlo todo, librándonos de las dudas y también del pasado. Una vez sentados, la Diosa miró hacia abajo y encontrándome entre sus criaturas me preguntó algunas cosas de mi, a lo cual contesté lo mejor que pude, pues sus ojos me hacían balbucear y mirar hacia otro lado, tímido, cómo si estuviera buscando algo de donde asirme para no sucumbir no sé de qué forma ante su hermosura, o como si estuviera mirando una zarza ardiente. Quitate el calzado, pensé, pues estás pisando tierra santa. También pensé en ir tras el acosador y ponernos borrachos cantando rancheras de amor en honor de Alba. Luego la plática giró en torno a temas varios: un amigo de ellos que recientemente se habia vuelto loco, la inminente boda de una amiga suya de la alta sociedad, con un ex actor con marcados tintes bohemios, matrimonio que según me contaron, promete ser de una brevedad que batirá records; y sobre todo, la plática fue sobre la historia del acosador, que Alba contó con lujo de detalles: Yo sólo atinaba a pensar: Pobre hombre. Intercalados con su relato, yo introducía uno o dos piropos a su hermosura, como diciéndole que comprendería a cualquier pobre hombre que se enamore de ella sin ser correspondido, pues quedará condenado inapelablemente a vagar hasta el fin de sus dias por el limbo del desamor, enamorado y triste, incapaz de dejar de sufrir. En resumen, nos dijo que el pobre tipo insiste en sus pretensiones románticas pese a que ella ya le dijo de la manera mas clara, pero eso si, mas educada posible, (la nena es un encanto, un derroche de sutilezas y delicias) que no quiere nada con él. Pero esa fue la mejor parte de la noche, al menos para mi, porque me puso la manita varias veces en mi hombro y en mi brazo, y acercó su rostro al mio haciéndome saborear su perfume y dejándome bien claro lo que yo ya sospechaba pero que aún ahora no puedo definir: Su absoluta humanidad. Todo esto lo hizo obedeciendo a su histrionismo al narrar una historia, pero de todos modos me cautivó y me enamoró para siempre de ella. Claro, este es un enamoramiento como el que siente uno por Diane Kruger o por Eva Green, actrices las tres al fin y al cabo, y además es de esos que no te cuesta dar ni hacer "crecer", pues Alba es en verdad, un ángel bajado a la tierra, bella hasta extremos dolorosos, amable, profunda, tierna. No creo haber conocido nunca personalmente, a mujer tan hermosa como ella; es decididamente de una belleza sobrenatural. Durante la charla, Gabo tuvo dos aciertos que le agradezco profundamente, aun cuando no estoy acostumbrado a ser delatado con tanta crudeza. Le dijo que según yo ella se parecia a Diane Kruger, cosa que yo le dije mientras ella no estaba, y que no pensé que se lo fuera a decir, o en todo caso, no en presencia mía. El lo mencionó como si fuera lo más normal del mundo, y me dijo que lo repitiera. Después de una fracción de segundo de titubeo y sorpresa, se lo dije, y su reacción fue, no sé como explicarlo, como para hacer otra novela con el mismo título de una que ya existe: Estrella distante; pero esta vez cuyo tema es el bien y no el mal absoluto, pues esta mujer, si bien lejanísima, se pone sin embargo al alcance de los halagos de un devoto sincero: Diosa humana, pensé, maravillado. El segundo y mejor acierto, fue que le mencionó la cena que daré aqui en el departamento, dentro de dos o tres semanas junto con otras amigas. La situación fué un poco confusa, no recuerdo con claridad si él la invitó, o si ella entendió automáticamente que la invitación se la estábamos haciendo en ese momento. De lo que estoy seguro es de que entonces yo la invité y ella aceptó. Cuando nos ibamos caminando los tres hacia metro Banco de España, donde nos despediríamos, comprobaba cómo los hombres de todos los credos, razas, edades, nacionalidades y demás fronteras, se hermanaban en silencio, mudos y arrodillados ante ella, sucumbiendo sin remedio ante tal epifanía: Tal vez la más grande e inexplicable de las que alcanzarán a ver en todas sus tristes vidas.
2.- Mi hijo Roberto es un teporocho.
Dió muestras desde muy pequeño de ser un niño muy especial. El parto duró dos días y yo casi me muero de los dolores y de la sangre que perdí. Cuando al fin lo tuve entre mis brazos le dije llorando y en voz bajita ¿por qué no querias salir mi niño?, ¿qué no querías verme?. Y durante muchos días no dejé que lo cargara nadie, ni siquiera su padre, que de todos modos creo que no le interesaba. Era ya mayor y me casaron con él para darle un poco de estabilidad económica a la familia. De hecho era de la edad de mis padres, y habían sido amigos toda la vida. Nunca se casó, y un día que nos vimos en la ruina familiar, mi madre me llamó y me dijo llorando que tenía que casarme con él. Yo no entendí lo que sucedía, y hoy que han pasado muchos años lo entiendo cada vez menos. Raúl era matemático y para cuando nació Roberto estaba enfrascado dia y noche en la solución de unos problemas que le quebraban la cabeza y le daban dolores muy fuertes. Por las noches se sentaba en una mecedora y pasaba el insomnio escuchando en el radio canciones viejas, con la ventana abierta, la ventana que da al mar. Asi que Roberto prácticamente creció sin padre, que además al poco tiempo se volvió loco, y un día lo vieron meterse al mar con la ropa puesta, y ya nunca más nadie lo volvió a ver. Cuando aprendió a hablar, Robertito, que siempre estaba pegado a mis faldas, me preguntó acerca del mal. Yo seguía enojada con Raúl por haberse muerto, y por habernos dejado asi a mis padres, a mi y a su hijo. No supe qué contestarle, y le mentí diciendo que si le hacía esa pregunta a Dios, en sueños le daría la respuesta. Roberto me preguntó si su padre era Dios, y yo le dije, algo asi, hijo, algo asi. Recibió la figura paterna de parte de mi propio padre, con el que salía a dar largas caminatas por la costa y por los parques. No puedo imaginar que no tuviera una infancia feliz. Fue un niño criado por su abuelo, pero se la pasaban muy bien los dos juntos. Mi padre ya no estaba muy fuerte que digamos, pero Robertito no era el típico niño molón y travieso, sino todo lo contrario, muy tranquilo y tierno, asi que se la pasaba bien escuchando las chocheces de mi papá. Aunque no sabré nunca si fueron chocheces o no, porque cuando le preguntaba que tanto platicaba con mi niño me decía cosas de hombre, hija, asuntos que un día tendrá que encarar.
Creo que fué un niño normal más o menos hasta la adolescencia. Era incluso deportista, pero también se encerraba durante horas en su cuarto, como si viviera con una familia que no fuera la suya, como si tuviera diez años más y fuera estudiante extranjero viviendo en una pensión en un país muy lejano. Lo que si se notaba era su obsesión por ciertas cosas. Un día que lo noté más pensativo que de costumbre le pregunté a mi padre que cosas le había dicho. En claro saqué que le había hablado de Dios y del Universo, y de la edad de la tierra y de las teorías sobre la extinción de los dinosaurios. Según mi padre se quedó callado cuando le explicó que Dios siempre ha existido, pues nunca habia tenido un principio. Eso es lo que recuerdo vagamente. Pero recuerdo muy bien que desde entonces Mi hijo único ya no fué el mismo. Cumplidos apenas los 13 años me dió a entender que quería hacerse cura. Yo por supuesto me horroricé. No somos una familia católica, bueno, tal vez católica si, pero no religiosa, asi que le dije que no dijera locuras. Si, le dije locuras. Roberto no insistió en su idea y por eso ya nunca sabré si eso hubiera sido mejor. Ahora tal vez sería un buen sacerdote, o algo, no sé, todo menos ese borrachito en el que se ha convertido. Pobre mijo. A veces pienso en estas cosas pero me canso mucho y mejor me duermo. A veces sueño con que vienen a darme la noticia que ya lo encontraron en un parque, o en la morgue. La última vez que lo vi estaba muy mal, casi ni me reconoció, pero cuando lo llamé por su nombre su mirada cambió. Cambió su mirada de estar ausente o de estar loco, por la de de estar triste; pero era él. También la voz le cambió y me dijo que no me preocupara por él, y yo le dije que cómo me pedía eso, que me mirara, que estaba sola y que a veces no tenía ni para comer. El me dijo que no me iba yo a morir de hambre nunca, que eso nunca lo permitiría, pero que ahora no podía verme, porque estaba realizando una investigación. Yo me puse a llorar y en ese momento el me dió un beso en la frente y se alejó por la calle dando grandes pasos. Cuando estaba por doblar la esquina volteó a mirarme y me dijo adiós con la mano y me mandó un beso. Esa noche soñé que mi hijo era un perrito que habiamos tenido cuando él era pequeño, y que se iba corriendo por la puerta del zaguán y que por más que corría no podía alcanzarlo. Al final pasó lo mismo: Mi hijo, convertido en perro se alejaba corriendo calle abajo. Pero esta vez no volteaba a mirarme cuando doblaba la esquina.
Yo sabía que era un chico raro, pero no tenía mayores preocupaciones por él. Era buen estudiante y nunca tuvo vicios. Pero poco a poco se fue aislando más y más, y ya no salía casi nunca y casi no tenía amigos. Un día que me levanté temprano oí musica en su cuarto y al entrar lo vi tendido en la cama cantando canciones tristes en boz bajita, casi dormido y borrachísimo. Cuando le pedi explicaciones el me miró con la mirada que tienen los que han bebido mucho tiempo y han estado muy tristes y en lugar de contestarme se puso a explicarme cómo debía hacer para dar con una dirección. Me habló de un almacén en las afueras de la ciudad, y que alli debia buscar a un señor muy viejito de nombre Victor y que ese señor tenía que darme un radio y un teléfono y que yo debía traérselos pues los necesitaba urgentemente: Es de vida o muerte, me dijo. Yo salí del cuarto llorando sin comprender nada y esa misma tarde cuando despertó me aseguró no acordarse de nada de lo que me había dicho. Poco después de eso realmente me preocupé, pues aún cuando lo había encontrado borracho algunas otras veces pensaba que eran cosas propias de la edad. Incluso andaba yo buscándole novia. Pero una tarde que regresó y se sentó a comer, mientras me contaba lo que había hecho durante el día, de repente sin decir nada se vació toda la olla de gazpacho en la cabeza. Yo me quedé muda y el se sorprendió un poco, pero después puso una sonrisita extraña y siguó comiendo mientras yo lloraba desconsolada y también al borde de la locura. Después de eso se encerró durante meses en su recámara, ya no se volvió a bañar y comía muy poco de lo que yo le preparaba. Escribía cosas en cuadernos con la letra muy dibujada, como si lo hiciera muy en calma. Lo único bueno es que ya no se emborrachaba, pero un día se bañó y se puso ropa limpia, cogió una pequeña maleta y me dijo adiós madre, voy a hacer una investigación muy importante. Y no me quiso decir nada más. Después revisé sus cuadernos y en todos ellos había puesto por escrito sus sueños. Unos sueños muy raros. A través de ellos supe que mijo Roberto no era en absoluto un hombre malo, pero que estaba loco, como su padre por las matemáticas, y como yo por su ausencia.
Cuaderno de sueños:
sueño 1.- Hay quienes piensan que la cordura es un abismo, hay quienes escuchan la palabra abismo y dicen bah, hay quienes alguna vez en sueños vieron el abismo y lo olvidaron, hay quienes vieron el abismo y no lo han olvidado, hay quienes en este momento están contemplando el abismo, hay quienes están enamorados del abismo, hay quienes -y estos son la mayoria- están aterrados por el abismo, hay quienes no creen en el abismo -y estos son los afortunados-, hay quienes creen tanto en el abismo que su vida se convierte en una mierda, hay quienes del abismo hacen una metáfora y se hacen ricos con ella, hay quienes predican el abismo y se hacen ricos con ello, hay quienes suavizan el abismo de otros, hay quienes hacen más grande el abismo de otros, hay quienes llevan el abismo a flor de piel, hay quienes esconden tanto el abismo que se sorprenden que la muerte exista, hay quienes se hacen adictos de los abismos, hay quienes toman el abismo a cuestas y lo presumen, hay quienes no lo hacemos y nos llaman locos, hay quienes ven el abismo pero no creen en él, hay quienes hacen del abismo un amigo o un enemigo, hay quienes enamoran al abismo como si fuera una mujer, hay quienes lloran junto al abismo pero no se tiran de bruces en él, hay quienes odian al abismo con toda su alma, hay quienes desconocen que existe el abismo y hay quienes lo vencen. Hay quienes sentados en un parque hablan sobre la felicidad, hay quienes cocinan con impecable infelicidad, hay quienes escriben libros tristísimos que son una carta de amor a un amigo que nunca contesta las llamadas, hay quienes escriben poesía pensando en una mujer, hay quienes escriben poesía pensando en la fama, hay quienes fuman y se ven bien, hay quienes fuman y se ven desamparados, hay aquellos para los que una lejana mañana es todas las mañanas de la tierra, hay quienes después de una noche de inconsciencia no tendrán nunca la seguridad de seguir vivos, hay quienes en la mirada llevan siempre la ley y las armas, hay quienes llevan en los ojos los bosques de antaño, hay quien lleva las cantinas en el alma, hay quienes llevan en los ojos dos arañas diminutas que vieron siendo niños, hay quienes están chimuelos y tienen hijos, hay quienes se suben en autobuses fantasma por las noches de algunas ciudades, hay quienes han estado borrachos a medio dia con un amigo en una cantina oscura, hay quienes nunca probarán el alcohol, hay curas y hay padrotes, hay padrotes santos y hay curas que son como diablos tristes, hay quienes se dedican a desaparecer dejando muy pocos rastros, hay quienes se dedican a dejar la mayor cantidad de rastros posibles para que haya un mariachi en su tumba, hay quienes sepultan por afición su felicidad de cada día, hay quienes invocan a la lluvía con solo abrir los ojos por la mañana, hay quienes de repente han decidido leer solamente un libro por el resto de sus vidas, el mismo libro, hay quienes lloran a lágrima viva por pura vanidad, hay quienes lloran sin que nadie los vea y estos son la luz de las noches, hay quienes han llorado ya demasiadas lágrimas, hay quienes se enamoran siempre y a todas horas y estos son los que más temen y aman a la muerte.
Soñé con una especie de bola, pero no sé decir si era increiblemente grande o increiblemente pequeña, o si estaba dentro o fuera de mi, o si me absorbía o me expulsaba. De hecho no sé decir si era una bola o si tenía otra forma. Lo más probable es que no tuviera forma alguna. Creo que la bola era infinitamente pequeña, pero parecía infinitamente grande porque yo la estaba viendo de cerca, pero algo es seguro: la bola estaba viva. Pero decir soñé es poco decir, pues he soñado con esa bola desde que era muy niño, sobre todo cuando pasaba fiebre. Me daba una corriente de aire y enfermaba de gravedad, los ojos se me ponían en blanco y casi ningún médico podía curarme. En el último momento casi por un milagro me recobraba y me encontraban el lugar de muerto, sentado muy quieto sobre la cama pidiendo con los brazos a alguien conocido. A veces también enfermaba del estómago y entonces las cosas se ponían peores.
Creo que el sueño de la bola es un sueño muy común en muchas personas. No lo sé.
3.- Octavio
Tengo las paredes de mi casa tapizadas con fotos de ella, con tres fotos de su rostro, ese rostro que llevo a todas partes desde hace casi tres años. Tres rostros aumentados, variados, extendidos, disminuidos, impresos en todo tipo de papel, pero quiero que me entiendan, esto es amor, no estoy loco ni soy peligroso. Ya sé que esto a ella puede no parecerle cierto pero es cierto. He dormido en su cama y no le hice nada ¿qué mayor prueba que esa? En ese tiempo yo había decidido abandonar mi carrera, es decir, mis estudios de violín. Se necesita verdadero talento para hacer eso, asi que estaba un poco a la deriva, y como era invierno pues los dias lluviosos me ponían melancólico en extremo y asi, se podía verme como un pendejo por las calles grises, buscando no sabía bien qué cosa, o a qué persona. Tenía eso si, muchos amigos -ahora conservo pocos- y vivía de noche. Casi todos estaban igual de perdidos que yo, siguen igual de perdidos ahora, pero con una diferencia: ellos se la pasaban bien, eran felices o simulaban serlo. No parecía importarles nada de la vida salvo el momento de estar con los amigos, riendo y fumando, emborrachándose o hablando entre risas de los temas más diversos, inventando bromas que de tan elaboradas se volvían inentendibles para cualquiera. Para casi cualquier persona vernos juntos era un espectaculo bien lamentable, o bien curioso, dependiendo del día y por supuesto, tonto es decirlo, de la persona.
Una vez me invitó un amigo de estos a pasar la noche en una terraza con los actores de la compañia para la que trabaja. Este amigo mio es violinista y actúa en vivo en las representaciones teatrales. Conozco a alguna gente del medio y por lo general son bastante simpáticos, asi que acepté su invitación de inmediato. Pasamos a comprar vino y aceitunas, llegamos temprano a la cita, y de inmediato nos pusimos a fumar mariguana. La gente comenzó a llegar al poco tiempo y entre ellos estaba ella, Alba. Fue un sacudimiento, un estremecimiento, un terremoto dentro de mi, en todo aquello que los libros llaman, un poco vagamente: las entrañas. Dios santo, pensé, -y eso que soy ateo- nunca he visto mujer tan hermosa. Fue como encontrar algo que se ha estado buscando sin saberlo, y no quisiera abundar aqui en descripciones intimas y detalladas, por temor a parecer mentiroso, pero la sacudida fue tan fuerte que fue incluso increible para mi: "caí rendido a sus pies como un pájaro herido, y comprendí de golpe cosas que antes no entendía". Algo asi dice en uno de sus libros un escritor que acaba de morir.
Siempre tuve una teoría: Uno vive más o menos lo que canta, uno vive más o menos progresivamente lo que lee, las peliculas que mira, los poemas que nos gustan. Creo que este fue el caso cumbre de mi vida, y creo que no volveré a tener otro igual. ¿cómo lo sé?. Porque desde que la conozco no he leído más, ni una novela, ni un solo poema, ni una sola revista, ni un sólo periodico. Del mismo modo nadie me ha visto entrar más en una sala de cine, ni escuchar en el radio ni en ninguna otra parte, música, canción o balada alguna. Quiero agotarme en ella, quiero terminar en ella, plantarme en ella, -aunque ella nunca me atienda, me lo ha dicho- morir en ese suelo, en esa selva, y ahora paro, porque aqui podría comenzar a escribir y no parar más, comenzar a temblar, enloquecer.
Cuando era niño mi grupo musical favorito era el grupo Parchis. Vi todas sus películas y compré todos sus discos. Me enamoré de Yolanda y del acento español. No me gusta predecir el pasado, pero ahora que estoy en España sé que vine aqui para que alguien me hablara con ese mismo acento. Motivos de niño lo sé, pero ¿no acaso son los más poderosos, los únicos insobornables?. Luego escuché tangos, tangos de Gardel, y entonces comenzaron a pasarme cosas muy tristes. Comencé a escuchar a Juan Gabriel y entonces me enamoraba de arpías y mujeres muy raras. Luego escuchaba tríos y rancheras de amor y me la viví en cantinas de mala muerte. Luego por último comencé a escuchar heavy metal y entonces toda la felicidad se marchó una noche sin dejar ni una nota de despedida. Por eso me pregunto ¿de qué canción habrá salido ella, de qué pelicula, de qué novela?. No lo sé todavia, pero ojalá no sea de Wherter, ni de las Travesuras de la niña mala, ni del amor en los tiempos del cólera, ni de la insoportable levedad del ser, ni de las novelas ilustradas de Yolanda Vargas Dulché que devoré en mi infancia, al menos no de Rubí, llevada ya varias veces al cine y a las telenovelas. Si viniera de una película ojalá no sea de Pide al tiempo que vuelva, con eso me conformo, y en este caso como es algo probado, lo mejor sería que se tratara de una película de Hugh Grant.
sueño 2.-
Soy un tipo aburrido, de eso no hay duda, pero me siento orgulloso del hombre, de todos los hombres y mujeres del mundo, de toda la humanidad; como si yo los hubiera hecho, como si los hubieran hecho para mi, como si fueran una sorpresa, un regalo que dejaron en mi puerta una noche cualquiera, como si todos fueran mios o como si yo fuera de ellos. Como si todos fuéramos a morir.
Me gusta sentarme por las mañanas en cualquier terraza de Madrid, a beber una infusión de poleo menta con leche y mirar a la gente, pero en silencio, mirarlas pero sin hablar, y a veces sin pensar. Y miro en ellas aquello que una vez leí en una frase, sin duda la frase más llena de sabiduría que alguien haya dicho o escrito jamás. Sabiduría grandísima, incomprensible, vertiginosa. La frase es esta: Los ojos son horizontales, la nariz es vertical.
Y todo este tiempo he querido volverme loco. Durante años me rehusaba a ello, pero cuando lo vi con claridad, fue cuestión de meses el convencerme de que ello no significaba en realidad nada especial, sólo la expresión verdadera de mi mismo, del mismo modo en que la mayoría de la gente decide volverse médicos o carpinteros. Todo se aclaró definitivamente cuando me enamoré de un escritor muerto y comencé a escribirle cartas y poemas. Alli todo cobró sentido. Alli supe que esas cartas llevaban dentro todo el amor de un hombre infinitamente solo. Pero estar infinitamente solo no es lo mismo que sentirse infinitamente solo. Mi caso es el primero y es una soledad como una pampa, en donde todo es infinito y en donde nunca dejan de pasar cosas de todo tipo. Mi soledad es la misma que la eternidad de otros.
Sueño con tortugas, tortugas que devoro, tortugas pequeñas y del tamaño de una mano extendida, que a veces pongo a salvo en un estanque sin peces, para que no se las coman, pero que la mayoria de las veces, yo mismo devoro con cierto asco, con cierta culpa. La mayor parte de las veces las tortugas están vivas, se mueven de dolor cuando les arranco con los dientes un pedazo de pata, o cuando les arranco con la mano el caparazón y las dejo en carne viva, palpitante y verde. En eso cierro los ojos y las muerdo generosamente. Lo que más asco me da es cuando debo comerme su cabeza, su pequeña cabeza aún consciente y con sus ojillos semicerrados en lo que supongo es la expresión tortuguil de un dolor atroz y fatal. Generalmente en ese momento despierto, o si no despierto al menos no recuerdo más. A veces simplemente paso a otro sueño. Una vez sin embrago soñé algo distino, esta vez mi dieta no consistía de tortugas, sino de carne humana. Yo llegaba a una casa en una colonia pobre. Sabía que la casa no era mia asi que entré sigilosamente, como si fuera un ladrón, pero sabiendo al mismo tiempo que si era descubierto sería bienvenido. Me asomé a un cuarto y vi a una mujer que sabía que era una especie de bruja, alguien malo, y en ese cuarto tenía colgado de un madero a un hombre desnudo que tenia la impresión de haber sido secuestrado y torturado toda la noche. La mujer estaba vestida elegantemente. La visión me angustió. Lo siguiente que recuerdo del sueño es estar enfrente de un gran perol hirviente, con grandes pedazos de carne maciza en su interior. Metí la mano y saqué y devoré un gran trozo de carne humana. Yo sabía que se trataba del hombre que había visto anteriormente. La bruja lo había cortado en trozos generosos, como si se tratara de grandes jamones o piernas de puerco. Me sabía bien, aunque me angustiaba un poco que no me fuera a hacer bien la digestión. Cuando me iba vi a un hombre junto a la señora-bruja, era un hombre delgado y parecia ser su marido. Una familia normal. Afuera me esperaba un mundo acusador, ignorante de todo, pero que podría enterarse de todo, y hacerme algo malo.
Gabo.
En Londres viví sucesivamente con tres personas: una actriz -la mujer más deliciosa que he conocido-, un stripper australiano, capaz de llevarse a la cama en tiempo récord, literalmente a cualquier mujer. Nunca vi a una que se le rehusara. Al final creo que el hombre terminó enamorado de mi. Cuando me fui de Londres, de madrugada y en la estación casi vacía, de repente lo ví llegar corriendo, descalzo y con lágrimas en los ojos, suplicándome que no me fuera, que era su único amigo. Era un bruto, un bárbaro. Una vez me invitó a cenar a un restaurante muy elegante, y se nos unió su hermano, otro bruto de concurso. Antes del postre hicieron una apuesta: Intentarían meterse toda la comida posible en una mano cerrada, ayudados por un dedo de la otra mano, y quien fuera capaz de meter mayor cantidad de tomate, carne y huesos de aceituna, ganaba. Cosas asi y aún peores se veían.
Me dijo muchas veces que no entendía cómo es que alguien podía dedicarse a la filosofía, pues soy profesor de filosofía. Su lema era "no love, no love, only sex, only sex". Pero claro está, estos brutos típicos son los que lloran en sueños por una mujer que los abandonó, y después de mucho convivir, me contó que una mujer escultural le había roto el corazón y se había puesto a vivir con un levantador de pesas. Cuando me iba me dijo que ahora entendía que la filosofía sí servía para algo: para ser feliz. Y se quedó callado y yo también, pues era la mejor definición de filosofía que alguien puede esbozar. Y esto asi ha sido siempre, aunque los alemanes discrepen siempre y con rigor.
La tercera persona con la que viví fue una francesa que me rompió el corazón.
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