Wednesday, November 01, 2006

El exilio interminable

A los inmigrantes latinos radicados en todo el mundo.


Nos mandan a las afueras
A donde también llegan
Los últimos campos baldíos
Del mundo

Allá
Donde la mirada ya no llega
Donde ya no tiene nada
Mas que polvo para ver

Donde se ponen los circos que todo el mundo olvida
Donde los perros hacen su vida sin hombres
Y pelean a gusto
Mirándonos cuando despiertan
Con cierta lástima
Con esa benévola quietud canina
Que tienen hacia los hombres con dueño

Desde aquellas tristes islas
Nuestras patrias de cristal tierno
A miles de años de distancia
Llega hasta aquí un viento sin mensajes
Que mece tímidamente sólo a los árboles que reconoce

No trae consigo al menos
Ecos vagos de risas o velorios
En que crecimos

O de nuestro cielo en la noche
Cielo niño y contento
Calladamente sabio

No trae olor a campos pobres
Ni a letras de adobe
Ni a duraznos viejísimos
Que crecieron desde antaño
En caminos construidos por gigantes

La noche no es mansa ni suave
No nos habla
Amorosa

Ni nos da dones
Como el paraíso del olvido

Ni nos abre puentes
Cuando nuestra mirada no es más que un dolor
Que se abre fraterno hacia otros ojos

No es que la tierra aquí
No tenga lugar para nuestra carne
Es que nosotros
Los de otras montañas

Los del corazón manchado
Por el exilio interminable

Hace mucho tiempo
Que no nacimos para ella

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