Te he soñado mucho últimamente.
Hace tres noches soñe que estábamos casados. Estábamos en una bonita casa y te dejabas estrujar por mis ansias. Yo estaba muy feliz, te apretaba, te abrazaba muy fuerte y te hablaba tierno, bajito. Te decía que te adoraba, que eras la mujer perfecta. Yo estaba un poco ansioso porque sentía que tu no estabas del todo segura, que no estabas tan enamorada de mi como yo de ti. Pero no importaba, tenía tu perfume y tus cabellos a mi alcance. Luego estábamos en un supermercado. La escena era deliciosa. Yo llevaba el carro mientras te veia ir por los pasillo recogiendo víveres y arrojándolos al carrito. Yo era feliz de tenerte, de presumirte, de no creérme todavia que eras mi esposa. Desperté todavía con la adrenalina de la felicidad, feliz como si esa misma tarde hubiera de verte. El efecto me duró varias horas todavía. Ese jueves llegué tarde a casa, después de una reunión con mis amigos, me meti al messenger y te vi. Aparecias como no conectada y en la foto pequeña del lado superior derecho aparecias con tu hermano. Temí que pudiera estar tu esposo por alli, asi que fuí prudente y sólo te mandé un zumbido y luego un signo de interrogación. Nada sucedió.
Anoche te soñé otra vez. Fue un sueño largo y variado. De nuevo te tenía en mis brazos. Usabas un vestido rojo, entallado, como si fuéras a ir a una boda o a una fiesta elegante. Dios mio que belleza. Yo te abrazaba de nuevo y era my cariñoso y enamorado, pero en el sueño me sentía gordo y tu lo notabas. Me decías que nos casaríamos sólo si yo llegaba a bajar de peso. Yo acepté el reto feliz, porque sabia que lo logaría con facilidad, y porque de todos modos ya te tenía abrazada. Mis manos te recorrian la cintura y tu respondías con jadeos tímidos. Luego estábamos como en una clase de universidad, pero en la que nos estaban guiando para hacer nuestro árbol genealógico. Comenzamos con el tuyo, tu me dictabas y yo escribia. Lo estaba escribiendo en el lado derecho de una hoja blanca. Llegamos hasta los bisabuelos por parte de tu madre, y por parte de tu padre sólo hasta tus abuelos. Se acabó el tiempo y no nos importó no haber terminado con el ejercicio. Estábamos juntos.
Luego fuimos a visitar la casa de tu padre, pero notaba que tu no querías estar alli, como que te avergonzaba mostrarme que la casa de tu padre seguramente era demasiado modesta, casi un departamento humilde. No recuerdo más.
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