Tuesday, October 17, 2006

¿Trajano o Adriano?

He pasado todo el día fuera.Pero no diré lo usual en estos casos.

No me presentaré como la conciencia lúcida que mira al resto de los hombres desde arriba, desde una preclara atalaya, ni narrare el agobio de pasar tantas horas en medio de esa anónima muchedumbre. No escribiré acerca de la gran ciudad -madre de todas las grandes putas- ni mucho menos de ese grán océano que la puebla, frágiles masas de ciegos cuya marea nunca desciendePodría, pero me niego rotundamente a dibujar con esta prosa torpe una serie de imágenes sugeridas por la densidad de la rutina.

No diré la manera abandonada como conté mis propios pasos en esa interminable escalera del subterraneo, ni confesaré que tengo con ella una situación de casi cuidado de tantos años que hemos sido enemigos. No describiré con ningun detalle, ni siquiera el que apenas es un esbozo, las inagotables historias en que me abismo al contemplar cada rostro, cada pestaña, cada pliegue de cabello.Sería impensable el atreverme a decir eventos de plano inconcebibles que veo a partir de los aromas, todos ellos infinitos. Ni siquera mencionaré esa vastedad arrobadora de toparme casualmente con la mirada de otro. Por supuesto que no revelaré el secreto de las aceras, míticas ciudadelas abandonadas. De vez en cuando sé que comparto sus secretos con algún pajaro que baja en silencio y se posa en alguna de ellas.

No gastaré tinta en especular sobre las maravillas del aire -demasiada información para una sola vida- No. Ni tomaré como pretexto la lluvia para hacer coincidir mas de dos miradas en una sola gota cayendo en la calle, como si ese fuera un evento insólito y digno de mención, o para sucitar desmayos al decir que una ráfaga de viento que da contra de una variedad de rostros los deforma hasta llevarse con ella mensajes varios de estas personas interpeladas sin saberlo. Tiende uno a debatirse en estos casos entre decretar el principio del tiempo en el preciso instante en que un vagón del subterraneo emerge de esos incómodos abismos en los que nos perdemos a diario sin saberlo, o en no decretar nada y hacer de nuestros pasos una sólida rutina como si nada estuviera pasando. Qué rubor estremecido cuando me enteré que nadie salia de esos túneles siendo él mismo, sino que por algún conjuro eramos otros, distintos de los que se han perdido en lugares que nunca nadie ha sospechado. He sido mudo desde que me ha sido dado el saber esto. Supongo que por allí, en algún libro se guarda alguna mención de alguien que murió con este secreto, cobijado en su agonia por hombres que hoy nadie recuerda y que intentaron en vano hacerlo hablar. De no ser ásí el mundo puede guardar todavía cierta cordura.

Lo único que compartiré ahora es una atroz pregunta, revelada de forma poco llamativa y sin embargo clara, contundente, una vaga intuición, pero suficiente de ciertos misterios entrelazados: ¿Trajano o Adriano?. Duda impostergable absolutamente.

La descubrí en un grafitti. Un simple grafitti anónimo, pequeño y tímido, que se negaba a no ser visto entre otros muchos, todos ellos más grandes y elaborados.

Lo descubrí de reojo cuando regresaba a casa, a través de una de las ventanas del autobús. Llovía.

Hasta este momento, horas después de haberlo leído, sigo estremecido, aniquilado. Nunca sabré la respuesta.

Quién sabe que otra intuición horrenda guardara para siempre y para sí, la persona que lo dejó escrito.

Ha sido todo. Si.

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